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«Somos poetas antes que nacionalistas»

La memoria de Marc Granell (Valencia, 1953) es la de toda una generación de poetas y escritores que en los primeros años 70 protagonizaron el resurgir de la literatura en valenciano. Autor, entre otros, de poemarios como ‘Llarg camí llarg’ (1977), con el que logró el Premio Estellés, ‘Materials per a una mort meditada’ (1980), ‘L’illa amb llunes’ (1999) o ‘Tard o d’hora’ (2006), también ha dirigido colecciones literarias y revistas, y ha traducido a autores como el propio Vicent Andrés Estellés al castellano.

La-vida-que-creixAhora acaba de publicar en Andana Editorial ‘La vida que creix’, una colección de poemas ilustrada por Paulapé y dedicada a los más pequeños en la que se habla de amor, de la libertad y la lucha contra las injusticias y también del oficio de poeta: “Els poetes són els éssers més inútils / que hi ha sobre la terra. […] / Per no fer no fan / ni tan sols diners amb alló que fan. / Que són ales. / Que són febres. / Que són somnis. / Els poetes són els éssers / més imprescindiblement inútils / que hi ha sobre la terra”. (Los poetas son los seres más inútiles / que hay sobre la tierra. / Por no sacar, no sacan ni dinero con lo que hacen. / Que son alas. / Que son fiebres. / Que son sueños. / Los poetas son los seres / más imprescindiblemente inútiles / que hay sobre la tierra.)

El idilio de Granell con la poesía comenzó muy pronto, a los quince años. Y surgió, afirma, «por sentir cierto malestar ante el mundo, ante uno mismo, ante la sociedad. Necesitaba expresar ese malestar y comencé en el colegio, allá por el año 68. Recuerdo perfectísimamente el día y el momento en que escribí el primer poema: fue en un momento del recreo en que llovía y no podíamos salir al patio. Mis compañeros eran siempre muy activos y yo me sentía arrinconado en ese ambiente. Como estábamos estudiando las estrofas y las fechas de nacimiento y muerte de los poetas, escribí una lira. A partir de ahí me enganché porque sentí esa necesidad de expresar el malestar que yo experimentaba de sentirme diferente, aunque también muy querido por la gente».

El poeta Marc Granell, durante la entrevista.

El poeta Marc Granell, durante la entrevista.

El destino le sonrió un año después, cuando se cruzó en su camino otro joven poeta, Jaime Siles. «Tuve la inmensa suerte», dice Granell, «de que en el curso siguiente llegara como profesor de Griego. Sólo tenía dos años más que yo pero ya destacaba como estudioso y como poeta. Era el Colegio del Pilar, donde contrataban de fuera a quien querían… Yo le dije que empezaba con mucha timidez a escribir y ahí se inició una relación muy importante de amistad y de magisterio. Él era muy joven, tenía 17 años, pero ya estaba en contacto con toda la nueva poesía española en Madrid e iba a las tertulias. Gracias a él yo me mantuve al corriente. Esto duró dos años, los que estuvo de profesor, y a partir de ahí hubo una buena amistad». La relación de Granell con Siles le permitió ser testigo privilegiado de su evolución como poeta. «Yo fui la primera persona que escuchó ‘La tragedia de los caballos locos’ de Jaime Siles», recuerda. «Él aún me daba clase, y entonces teníamos la costumbre, a parte de estar todo el día en el colegio, de que me llamara por teléfono a casa. Un día me llamó entusiasmado y me leyó ese poema, y por eso me lo dedicó. Para mí es un gran recuerdo. Como antiguamente los teléfonos eran de pared y lo teníamos en el comedor, estaban allí mis padres, preocupados, pensando: ¿Estos se están haciendo novios o qué?».

 
Antes de acabar el colegio, Marc Granell ya había formado el primer grupo poético con otros amigos que compartían sus ambiciones literarias, entre ellos José Luis Falcó, José María Izquierdo, Santiago Muñoz o Nacho Errando, hermano de Javier Mariscal. «Estábamos todo el día en mi casa, charlando, escribiendo poesía… Nos considerábamos muy surrealistas, era el momento de la influencia de las vanguardias. A partir de ahí sí que entré en la Universidad y a través de Jaime Siles conozco a otra gente que ha sido importantísima en mi vida y en mi trayectoria, como son Josep Piera y Eduard Verger. Comenzamos a hacer tertulias y ya no paramos, y también con revistas y publicaciones literarias, además de escribir», asegura.

En la imagen de la izquierda, Juan Gil Albet, Pedro J. de la Peña y César Simón. Arriba a la derecha, Josep Piera y debajo, Jenaro Talens.

En la imagen de la izquierda, Juan Gil Albert, Pedro J. de la Peña y César Simón.
Arriba a la derecha, Josep Piera y debajo, Jenaro Talens.

A comienzos de la década de los 70, algo se movía: «Hontanar tenía una gran colección de poesía. Estaba César Simón, el gran poeta, grandísimo, Jenaro Talens y Pedro de la Peña, y periodistas como Ricardo Bellveser. Las Provincias y Levante publicaban una página sobre poetas con fotos, una pequeña biografía y un poema. Algo que ahora es impensable», apunta Granell. «Contactamos también con Pere Bessó, entonces Pedro Bessó, y nos animamos a hacer una revista que se llamaba ‘Múrice’, que era ciclostilada, pero que tuvo mucho eco incluso a nivel estatal. Josep Piera había publicado en castellano y estaba en contacto también en Madrid con Aleixandre, Pepe Infante, Luis Antonio de Villena… En la revista publicamos a toda esta gente, incluso a Jorge Guillén. Piera le conoció una vez en Málaga, le pidió un poema y nos envió uno inédito. Fue una etapa muy buena y muy creativa, pero como toda experiencia editorial hecha por poetas y escritores se acabó pronto, con riñas, etc. Se hicieron muchos números, aprendimos mucho sobre cómo elaborar una revista».

49014917Y mientras, las tertulias seguían acercando a los poetas: «Las hacíamos de noche, íbamos al San Patricio en la que entonces era la Plaza del Caudillo… Como hablábamos mucho y éramos mucha gente, nos echaban de todas partes y acabamos haciéndolas en mi casa. Nos quedábamos hasta las seis o las siete de la mañana, hablando de poesía, elucubrando, preparando cosas…». Hacia los años 74 y 75, señala Granell, «comienza la cuestión del nacionalismo con fuerza. Había un grupo, tres poetas jóvenes sobre todo que eran Joan Navarro, Josep Lluis Bonet y Salvador Jàfer, que ya empezaban a escribir en valenciano. Se crearon los Premios Octubre, que ganó Navarro con Jàfer de finalista. Bonet se unió a nuestra tertulia. ‘Carn fresca’, la antología que preparó Amadeu Fabregat, incluyó poemas de Josep Piera que, siendo de Gandía, regresaba a su lengua».

 
En cuanto a su propia evolución, Granell partió de un «razonamiento político». Entonces, recuerda, «yo tenía una cierta tendencia hacia la poesía más política y por ejemplo mi gran poeta —y que continúa siéndolo, nunca lo negaré— es Antonio Machado. Mis compañeros me miraban un poco por encima del hombro porque Machado no estaba nada de moda. Pero este planteamiento político me ayudó a cambiar de lengua, que es algo muy complicado. Yo no sólo escribía y estaba educado en castellano, sino que hablaba en castellano. Aún no sabía hablar en valenciano». Sin embargo, matiza, la política no fue la motivación principal: «Lo hicimos por la literatura. Nosotros somos antes poetas que nacionalistas. Venimos desde la literatura a aportar a la lengua, a la poesía, y en general al cambio lo que podemos. Pero venimos de la literatura. Se trataba de escribir lo mejor que uno pudiera, pero también de ayudar desde el punto de vista social, editorial». De ese afán nacieron iniciativas como la revista ‘Cairell’ y colecciones de poesía publicadas desde la Federació d’Entitats Culturals.

 
Verònica Andrés recita el poema ‘València sota la lluna’ de Marc Granell, uno de los vídeos incluidos en la antología audiovisual ‘Poesía Valenciana I’ de Poética 2.0, disponible ya para iPad de forma gratuita.  

«Políticamente no se ha conseguido lo que soñábamos», valora Granell, «pero sí desde el punto de vista literario. Me siento satisfecho porque creo que hemos ganado en eso. La incorporación de gente ha sido incesante, de gente buena, y se está haciendo una gran literatura. Hemos resurgido, aunque sea mínimamente».

A su juicio, mirando el panorama literario actual, hay motivos para el optimismo: «La poesía actual es muy interesante, mucho más variada que antes, aunque en los años 80 ya comenzaba el eclecticismo y no había tantas tendencias dominantes. Es un momento de efervescencia, hay mucha gente que se incorpora a escribir en valenciano y desde muchas estéticas. Desde siempre, desde que comenzamos estas tertulias, a crear revistas y colecciones, me he interesado mucho por lo que hacía la gente joven y he sido jurado miles de veces en más de 30 años. He seguido la evolución de la poesía y he visto que se ha ido a más. Se está haciendo muy buena poesía, y es que aquí, en el País Valenciano, siempre la poesía ha dominado mucho. Ahora también por suerte se está haciendo novela, más que al principio, y también muy buena».

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