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Antònia Vicens: «La poesía me pone al límite de las palabras»

POÉTICA 2.0
Llegó a la poesía hace apenas unos años. Casi se le cayó encima, que diría ella. Las imágenes la desbordaban, se agolpaban dentro los trozos de sí misma y… la prosa no era suficiente. Así, la que es considerada una de las novelistas que mejor plasma la realidad de la mujer mallorquina contemporánea en la literatura y ha reunido ya un número considerable de galardones, Antónia Vicens (Santanyí, 1941) ha compilado una reciente pero importante trayectoria poética. Su último poemario la ha convertido en Premio Nacional de Poesía 2018.

Lovely (traducido al castellano y disponible en edición bilingüe en Ediciones Saltadera) fue su primer libro de poesía, publicado en 2009. A este le siguieron Sota el paraigua el crit (2013), Fred als ulls (2015) y Tots els cavalls, que la hecho merecedora ahora de uno de los reconocimientos de mayor trascendencia.

El equipo de Poética 2.0 ha tenido la oportunidad de entrevistarla a propósito de su nuevo galardón, tras haber colaborado con ella previamente en la realización de la antología multimedia Poesia Balear:

— Son muchos los reconocimientos que ha tenido a lo largo de su carrera de escritora pero este que ahora se añade… ¿Se le había pasado por la cabeza en algún momento recibirlo?
— Cuando era niña soñaba con ser escritora. Creía que las palabras guardaban el secreto de todas las cosas, de todos los  misterios. Empecé a coleccionar palabras. A escribir, a hacer realidad mi sueño. Así que, cuando me dan un premio, ya sea el Nacional u otro, me quedo sorprendida, maravillada. Si encima de hacer algo que me apasiona me premian, ¡fabuloso!

— El jurado ha elegido esta obra ‘Tots els cavalls’ por «una vocación poética que contempla toda una vida a través del tamiz de una expresión seca, dura, inquieta y fulgurante». ¿Qué pensó cuándo leyó estas palabras? ¿Le sorprendieron?
—Creo que así son mi poesía y mi narrativa (al menos es lo que persigo cuando escribo): de la dureza a veces más negra al fulgor que nos ilumina.

 
— ¿Qué le llevó a recurrir tan tardíamente a la poesía, cuando siempre había escrito novela o cuento hasta entonces?
— Simplemente me cayó encima: como una lluvia repentina, como una granizada. Exactamente el 3 de agosto de 2006, en el tercer aniversario de la muerte de mi padre, mientras tomaba el sol en una pequeña terraza. Enseguida comprendí que era mi propia vida que se deshacía a trozos y pensé “tengo que cogerlos”. Pero la prosa no me servía. Las imágenes iban demasiado rápidas; el mejor recipiente era el verso.

— ¿Qué le ofrece la poesía frente la narrativa como escritora?
— La narrativa sería como preparar un viaje, escoger a los que serán mis compañeros, o mis rehenes, a veces verdugos… ya que intento aprehender la vida con todas sus complejidades, ya sea hurgando en el dolor de todas las cosas o en los delirios sobre la belleza y la felicidad… Esta lucha constante del ser humano, con sus miles de disfraces. En cambio, la poesía de una manera precipitada me pone al límite de las palabras, al borde de las obsesiones, también de lo desconocido, ya que la mayoría de mis poemas transitan por el territorio del subconsciente.

— ¿Cómo surge un poema? ¿Es una frase, una imagen…? Tenemos entendido que ‘Tots el cavalls’ nace de un sueño. ¿Es así?
— A veces un sueño, a veces una pesadilla. Casi siempre una exigencia: cuando surgen de repente unas imágenes y se van desgranando en mi mente. Luego escribo con urgencia la primera versión. ¡Ah! El verdadero trabajo minucioso, apasionado, obsesivo en busca de la esencia y de la música que los versos me exigen puede durar meses o años.

— ¿Cuál es el hilo conductor de ‘Tots els cavalls’?
—Emanuel, al que de pequeño un maestro le puso el mote de Diablo, agoniza en la cama. Su mujer sale a buscar a sus dos hijas, ya que no le cogen el teléfono y tampoco le contestan los mensajes de Whatsapp. En la calle se encuentra con una amiga que hace unos meses falleció y la memoria de ambas estalla con sus pequeñas culpas y sus miedos. Mientras, por encima de la ciudad avanzan, al galope, blancos, rojos, negros, amarillos, todos los caballos.

— ¿Y cuál el territorio poético de Antònia Vicens?
— Mis ojos.

— ¿Cómo es la poesía que interesa a Antònia Vicens? ¿Quiénes son sus referentes poéticos? ¿A quién considera sus ‘maestros’?
— Me interesa la poesía que me ponga al límite de algún sentimiento, de alguna sensación. Que me sorprenda. A la hora de escribir intento olvidar todo lo que he leído; ir a la búsqueda de mi propia voz.

— ¿Podría decirnos algún poema o autor que le haya marcado especialmente?
— Siempre que leo algún buen poema de alguna manera me marca. No puedo decir simplemente algún poema o autor. Son muchísimos los que me acompañan.

— ¿Qué opina del boom de la poesía que hay en las redes y que se haya puesto de ‘moda’ entre los jóvenes? ¿Le parece interesante?
—Me parece fabuloso.

— ¿Le gusta la poesía del siglo XXI?
— No soy capaz de decir si la poesía del siglo XXI me gusta, así, en general. Conozco y leo poetas fabulosos; a veces me emociona conocer a poetas ilusionados con sus propios versos, poetas que darían la vida por escribir un verso sublime.

— ¿Ver la vida desde las islas proporciona una perspectiva diferente?
— Posiblemente. Una isla te enfrenta con el tema difícil de la huida; de la feminidad pasiva y vulnerable.
Antonia Vicens
— ¿Valora que se conoce lo suficiente la poesía escrita en catalán o poesía catalana en el territorio nacional?
— Creo que la poesía catalana, injustamente, se conoce muy poco en el territorio nacional.

— ¿Sólo concibe su poesía en catalán o también en castellano? ¿Por qué?
— Mis herramientas, a la hora de escribir, son las palabras de la calle de mi pueblo, aunque hace muchos años que vivo en Palma. Cuando era niña y escuchaba a las mujeres vecinas, a veces riéndose, a veces llorando, me asombraba que las palabras tuvieran tanta fuerza, tanto poder y empecé a coleccionarlas. Eran palabras humildes, sí, de gente payesa, de pescadores, pero con el dolor y el aroma de la tierra trabajada y de la mar y me propuse hacerlas volar. Y en esto estoy todavía.

— ¿Qué quería ser de pequeña? ¿Como se imagina a la Antònia Vicens del futuro? ¿Veía los Premios entonces?
— Pues escritora. Para entender el mundo y los sueños. No sé imaginarme el futuro; quizás porque ya lo estoy viviendo. No pensaba, ni pienso en los Premios. Escribo en total libertad.

— ¿En qué anda ahora? ¿Este premio le ha sorprendido escribiendo poesía?
— Como siempre, con el trajín de las palabras: poesía y algo de narrativa.

Y entre una palabra y otra, un poema. Algunos de Vicens pueden encontrarse en la  app Poesia Balear, una antología multimedia totalmente gratuita, elaborada en colaboración con l’Institut d’Estudis Baleàrics. Reúne a varios de los poetas baleares más importantes, desde Joan Alcover a Laia MaLo, sin pasar por alto la obra de Vicens.

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