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Bibiana Collado

Bibiana Collado: “Las mujeres estamos demasiado acostumbradas a heredar silencio”

ÁNGEL SALGUERO
Violencia, el nuevo libro de poemas de Bibiana Collado publicado por La Bella Varsovia, es una obra difícil pero necesaria que aborda el maltrato contra las mujeres desde un planteamiento poético valiente e innovador. Sus versos se leen como un latigazo a la conciencia y una llamada de atención a la sociedad para que deje de apartar la mirada.

‘Violencia’ es un libro intenso que intenta que el lector vea a través de los ojos de las víctimas de malos tratos. ¿Qué fue lo que te decidió a tratar este tema? ¿Cuál ha sido el principal reto al escribir sobre él desde una perspectiva poética?

Lo que me decidió fue el nudo, ese que la mayoría de las mujeres tenemos en el estómago y que se manifiesta en algunas ocasiones con una intensidad feroz y, en otras, como un dolor de baja intensidad pero constante. La necesidad de una literatura que se acercara a ese daño me resultaba imperiosa. Es cierto que, en los últimos tiempos, han aparecido algunas obras que se han acercado a este fenómeno desde la narrativa, quizá por la influencia del testimonio como género. No obstante, en mi opinión, el lenguaje poético era el idóneo para abordar este tema puesto que nos permite reflexionar sobre la propia lengua con la que decimos la violencia y descubrir sus trampas, así como ahondar más allá de la descripción de hechos, todo ello cristalizado a través de la emoción.

Uno de los temas fundamentales del libro es el lenguaje como una herramienta más para la opresión y la ocultación de la violencia. ¿Qué ejemplos citarías de este uso desigual del idioma y de qué manera piensas que se puede equilibrar el discurso?

El libro comienza con un poema titulado “La palabra despecho“. Cuando una relación termina y el sujeto femenino intenta comunicar su experiencia y nombrar el daño, en muchas ocasiones es acusada de hablar desde el despecho. Esta acusación invalida el discurso, lo desactiva: “Lo dice porque está despechada”. Por eso, el poema acaba diciendo “la palabra despecho no me dejar decir / la palabra víctima“. Este es un ejemplo claro, pero no es el único. Cuando los medios informan sobre casos de violencia machista, suelen aparecer términos como “vulnerabilidad” o “dependencia” que construyen un perfil sesgado de víctima y generan una lógica tendenciosa con respecto a las agresiones.

Bibiana Collado durante la presentación de 'Violencia' en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Bibiana Collado durante la presentación de ‘Violencia’ en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Otro de los problemas es la ocultación de la violencia. En los periódicos, las noticias sobre maltratos y asesinatos vienen ilustradas por imágenes de fachadas o de puertas cerradas de viviendas. “El tesoro de lo privado se guarda en silencio”, escribes -algo que me recordaba al ‘Niñas, cerrad las cortinas’ de Lorca. ¿Ves estos poemas como una manera de ‘abrir’ esas puertas y mostrar lo que hay al otro lado?

Sí, me imagino los poemas como fisuras por las que se va colando la luz. Fisuras que palpamos todavía a oscuras con la esperanza de que acaben resquebrajando el férreo entramado que esconde y manipula el dolor de las mujeres. Estamos demasiado acostumbradas a heredar silencio.

¿Crees que la sociedad en su conjunto es ‘culpable’ de haber normalizado la violencia, que ahora aparece en televisión entre anuncios de detergente y teléfonos móviles?

Creo que enfrentarnos a esta realidad nos hace demasiado daño, por eso digerimos bien las noticias sobre agresiones (siempre lejanas, siempre externas a nosotros) mientras participamos de un silencio cómplice con respecto a las violencias que nos rodean. Señalar a los agresores nos pasa una factura demasiado grande.

¿Y qué papel dirías que tiene la familia en esa ‘normalización’? En el libro escribes lo que suena como una acusación cuando tu personaje dice: “Las madres, aunque nos aman, se equivocan”.

El silencio se hereda, la experiencia del daño se hereda. Señalar la violencia dentro del núcleo familiar es dolorosísimo, sigue siendo una tarea pendiente para la que nuestra educación emocional difícilmente está preparada.

Tú eres educadora, y de hecho uno de los poemas está dedicado a tus alumnas. ¿Crees que estos jóvenes que pasan por tus clases están preparados para no caer en los mismos patrones de sus adultos?

Existe una violencia sistémica contra las mujeres que los jóvenes, como todos nosotros, reciben pasiva y cotidianamente. Es difícil escapar de esa realidad que les envuelve. La agresividad en las aulas (no solo vinculada a la cuestión de género) es un hecho.

¿Te preocupa que el auge de los ‘poetas’ de Instagram como Cabaliere devalúe la poesía y reste espacio en las estanterías a otros autores?

Lo cierto es que no me preocupa demasiado. Creo que la poesía puede convivir con otros productos sin verse perjudicada. Ocupan espacios diferentes, eso lo sabe el mercado perfectamente. En todo caso, lo que me preocupa es que las instituciones culturales confundan esos espacios.

¿Cuál es para ti el papel de la poesía en esta sociedad ‘herida’ por la pandemia y la polarización?

La poesía nos permite romper esa proyección rápida hacia delante a la que nos obliga la sociedad en la que vivimos. Nos permite detenernos y ahondar en nosotros con una espiral de palabras que nos excava por dentro. Es necesario ese conocimiento profundo que nos ofrece el lenguaje poético, esa capacidad para nombrar lo innombrable, aquello que casi no podemos ver entre el griterío cotidiano.

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