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Juan Vicente Piqueras: ‘Hay que cuidarse mucho del poder de las palabras’

ÁNGEL SALGUERO
El poeta Juan Vicente Piqueras visitó recientemente Valencia para presentar su último libro, ‘La ola tatuada’. Su paso por la ciudad fue fugaz, lo justo para presentar su nueva obra en la librería Bartleby, acompañado por los también poetas Antonio Cabrera, Lola Mascarell y José Saborit. Porque Juan Vicente Piqueras, aunque está muy presente en la escena poética española, lleva más de tres décadas viviendo fuera del país, primero en Roma, después en Atenas y ahora en Argel, donde ejerce como jefe de Estudios en el Instituto Cervantes.

‘La ola tatuada’ es un «nuevo libro» pero no es un libro «recién escrito». El primer borrador, explica, «lo escribí en 1986, hace treinta años, y lo he ido revisitando, porque era un libro raro. Tiene algo de libreto de ópera, de espectáculo de danza. Hay una acción que transcurre en alta mar, en la cubierta de un barco, y unos personajes que se aman, cantan y hablan. Es un libro de poemas distinto. Por eso quizá no tuvo éxito en su momento, no fue aceptado por los editores ni por los premios a los que lo mandé. Ahora la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker ha hecho una edición muy bonita con la ola de Hokusai y un tuffatore lanzándose al mar y creo que ha quedado precioso».

Portadas de 'Atenas' (Premio Loewe 2012) y 'La ola tatuada'.

Portadas de ‘Atenas’ (Premio Loewe 2012) y ‘La ola tatuada’.

Los cambios de escenario a lo largo de su vida han acabado abriéndose también paso en su poesía: «Me marca mucho el lugar donde estoy», asegura. «Soy bastante permeable, tengo una personalidad muy lábil y me dejo influir por lo que ocurre a mi alrededor». Es algo que puede comprobarse en su libro ‘Atenas’, publicado por Visor en 2012, que le valió el Premio Loewe de Poesía. «En Grecia fue toda la crisis, todos los conflictos que empezaron cuando yo estaba allí y también toda la belleza de Grecia, su pasado y la mitología. Todo ello está mezclado en ese libro», explica.
Juan Vicente Piqueras, 'a cara descubierta'.

Juan Vicente Piqueras, ‘a cara descubierta’.


Ahora el ambiente y la vida en Argel son los que están dando color a su escritura: «Las historias, la belleza de la ciudad, los relatos duros que uno escucha y vive allí, yo creo que sí están dejando huella y probablemente un día sean algo parecido a un libro. Veremos qué sale de ahí».

Su trayectoria como poeta incluye además otros títulos como ‘La palabra cuando’, Premio José Hierro; ‘La latitud de los caballos’, Premio Antonio Machado y ‘Aldea’, galardonado con el Valencia de Poesía. Respecto a los premios, Piqueras asegura que no sólo han sido importantes como reconocimiento, sino que a menudo han sido su única forma de publicar: «Yo me fui de España muy joven y, al no tener relaciones dentro del mundo literario, una manera como de náufrago era meter mi libro en la botella de una convocatoria de premio y mandarlo. Tuve suerte en algunas ocasiones, en otras no, y creo que la suerte mayor fue desde luego la de obtener el Premio Fundación Loewe, que es muy importante y reconocido».

Entre sus influencias, cita a autores como Vladimir Holan, John Donne, Sylvia Plath, Ted Hughes o Wislawa Szymborska. «Hay tantos que siempre me parece una injusticia cuando me piden que elija». De todas formas, hay un momento para todo y esos poetas tienen que alcanzar tu vida en el instante preciso: «Al hablar de Literatura, una cosa es el libro y otra, tu Historia de la Literatura, que está hecha de tus encuentros con algunos libros o poemas que en aquel momento tú necesitabas. Si tú no lo necesitas, abres un libro y, por muy bueno que sea ese libro, no es el que tú en ese momento precisas. Es como con las personas, si se produce en el momento justo, hay una chispa».

 
Piqueras cree que la poesía trasciende la literatura. Existe, afirma, una «cultura poética oral» que él mismo pudo descubrir con sus padres. «Yo soy de una familia de agricultores y en mi casa no había libros. Pero todavía hoy, cuando escucho hablar a mi madre, dice versos. Mucha gente habla con metáforas, con una gran imaginación, y crea comparaciones poéticas maravillosas». Como ejemplo, recuerda las jornadas en el campo con su padre. «Me decía: ‘Mira, aquí es donde duerme el agua’. O mi madre, que para cocinar dice: ‘Hay que sofreír la cebolla hasta que pierda el orgullo’».

Para el poeta es un recordatorio del «poder de las palabras» y también de «la capacidad de hundirte o de salvarte que puede tener una frase o un verso, lo que alguien te dice». Usando también una comparación muy poética, Piqueras explica su convicción de que todos llevamos «frases clavadas, como si fuésemos San Sebastián. Frases que nos han dicho a lo largo de nuestra vida y que podrían definir nuestra biografía». Hay que «cuidarse mucho de las palabras, de lo que decimos y de lo que recibimos», advierte, porque «se pueden quedar dentro, royéndote para siempre. Yo tengo frases dentro que he escuchado, que me han dicho, que no me las puedo borrar».

Juan Vicente Piqueras durante la entrevista con Poética 2.0.

Juan Vicente Piqueras durante la entrevista con Poética 2.0.

Piqueras señala como uno de sus propósitos al escribir poesía llegar a «ese verso que no haga daño, sino que ilumine, que acompañe a la persona que lo lee. Que le acompañe como a mí me acompañan algunos versos». Por ejemplo, Machado: «Cuando estoy solo y deprimido siempre me acuerdo de aquel verso suyo que decía: ‘En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad’. Tengo mucho cuidado con las cosas de las que me convenzo en soledad, porque no son verdad. Luego hablas con la gente, te dan otra visión de la vida y ese conflicto tan negro que tú tienes en soledad se diluye. Ahí está la gracia. Ese juego entre la soledad del que escribe pero también la voz de los demás, la sal de los demás, lo que aportan a tu obra. Ahí está la clave».

Antes de despedirnos, Juan Vicente Piqueras ‘regaló’ a Poética 2.0 uno de sus poemas favoritos que pronto compartiremos con vosotros.

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