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La Nueva York de Lorca revive en un cómic

ÁNGEL SALGUERO
Cuando Federico García Lorca se embarcó hacia Nueva York, en junio de 1929, tenía 31 años y se hallaba sumido en un profundo desasosiego. Había roto su relación con el escultor Emilio Aladrén y se sentía también cada vez más distanciado de Salvador Dalí. Además, le preocupaban la situación política del país, bajo la dictadura de Primo de Rivera, y sus propias penurias económicas. La invitación a dar una serie de conferencias en Estados Unidos y Cuba fue para él una oportunidad de cambiar de aires y de perspectiva.

Y para el dibujante valenciano Carles Esquembre ese es el punto de partida de Lorca, un poeta en Nueva York, la novela gráfica que narra en viñetas el peregrinaje vital y espiritual del poeta granadino por tierras americanas. «Desde pequeño», explica, «mis padres siempre me han inculcado el amor por la cultura impresa y el arte en general. Las circunstancias biográficas de Lorca me parecían interesantes y durante mucho tiempo tuve la idea de hacer algo con su vida. Yo conocía Poeta en Nueva York pero no sabía lo que había detrás. Empezó a interesarme qué le llevó a él a escribir ese libro y di con el epistolario completo, las cartas y testimonios de gente que conoció en Nueva York, y vi que allí había una historia».

Boceto e imagen definitiva del barco que llevó a Lorca a Estados Unidos llegando al puerto de Nueva York.

Boceto e imagen definitiva del barco que llevó a Lorca a Estados Unidos llegando al puerto de Nueva York.


El cómic se centra sólo en la estancia de Lorca en Estados Unidos, aunque en principio Esquembre barajó también incluir su etapa en La Habana. «Esa parte no la he hecho porque el libro habría quedado demasiado largo. Yo quería hacer Nueva York en blanco y negro y La Habana en color, esa era mi idea inicial. Pero si esto funciona haremos la segunda parte», afirma.

En una de sus conferencias Lorca explicó así, tras su regreso a España, la impresión que le produjo la isla de Manhattan: «Los dos elementos que el viajero capta en la gran ciudad son arquitectura extrahumana y ritmo furioso. Geometría y angustia. Las aristas suben al cielo sin voluntad de nube ni voluntad de gloria. Nieves, lluvias y nieblas subrayan, mojan, tapan las inmensas torres, pero éstas, ciegas a todo juego, expresan su intención fría. En Wall Street llega el oro en ríos de todas las partes de la tierra y la muerte llega con él. En ningún sitio del mundo se siente como allí la ausencia total del espíritu».

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Esa es la experiencia que dibujó en las páginas de Poeta en Nueva York y que ahora Carles Esquembre reproduce en su novela gráfica, intercalando en la realidad la ensoñación poética de Lorca y dando voz a un personaje histórico al que hemos leído, pero a quien nunca hemos escuchado. «Al principio te preguntas: ¿Cómo voy yo a inventarme diálogos de una persona como Lorca?», asegura el dibujante valenciano. «Es imposible pretender ponerle voz a alguien así. Mi Lorca es una mezcla entre las ideas que él expresa en las cartas y mis propias obsesiones, dudas, miedos… Porque esto confluye con el Lorca de aquella época, que estaba deprimido, confundido, y que libraba una lucha interna. Mi propio miedo a enfrentarme a algo así, con el respeto y la admiración que le tengo, se mezcla con el que él expresa no en sus cartas, porque en ellas es muy jovial y a sus padres les dice que todo va bien, pero sí en ‘Poeta en Nueva York’».

Recreación del Coney Island de finales de los años 20.

Recreación del Coney Island de finales de los años 20.


Para reproducir el pasado, los barrios y calles del Nueva York de finales de la década de los veinte, Esquembre se ha servido del ‘futuro’ representado por las nuevas tecnologías. «Hace 20 años no lo podría haber hecho pero hoy en día, gracias a internet y la gran documentación gráfica que puedes encontrar, ha sido posible. Sin estar en Nueva York, podía buscar las calles en Google Earth y medir cuántos pasos había entre una y otra para que Lorca y su amigo las cruzaran y fueran a un edificio concreto. Hacía capturas de pantalla y a partir de esos edificios actuales intentaba buscar la apariencia que habrían tenido en los años veinte, porque muchos de ellos ya existían entonces. A veces sólo era cuestión de borrar las partes más modernas. También me han servido libros como La ciudad automática de Julio Camba, que fue básico para inspirarme y ayudarme a recrear el Nueva York de esos años», explica.

Desde la concepción del proyecto hasta la publicación del libro, el dibujante valenciano ha ‘vivido’ dos años con Lorca. «He tardado un año en completarlo, pero no ha sido seguido. Presentas el proyecto, luego entras en un pequeño limbo en el que hay varias editoriales interesadas. Mientras te dicen que sí o no, vas haciendo otras cosas… y al final han sido dos años, prácticamente», señala.

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A su juicio, la novela gráfica es un género consolidado: «Creo que ya hay bastante público que la consume y que es ajeno al cómic más de súper héroes, al americano o franco belga. De hecho el aspecto de este volumen es más parecido a un libro que a un cómic. Tiene una encuadernación que no verás en muchos tebeos y es para competir de tú a tú con el mercado del libro». Además, Esquembre destaca también su valor didáctico: «Hay libros en las escuelas que ni siquiera te dicen que Lorca murió asesinado en la Guerra Civil. Que tenga que venir un dibujante de cómic a poner en una viñeta que Lorca murió asesinado en Granada es fuerte».

En una de las páginas de esta novela gráfica, Lorca describe así el rastro de destrucción dejado por el ‘crack’ del 29: «He visto la muerte sin esperanza». Y añade, en tono ominoso: «Todo esto sólo es el principio. He profetizado la destrucción». Sin embargo, hay algo que los creadores están «obligados» a hacer: «Tenemos que seguir escribiendo, dibujando, pues podemos hacer más daño con nuestras plumas que ellos con sus pistolas». Es un mensaje tan válido entonces como ahora.

Carles Esquembre durante una reciente presentación de su novela gráfica en la librería Bartleby de Valencia.

Carles Esquembre durante una reciente presentación de su novela gráfica en la librería Bartleby de Valencia.

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