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La poesía habita (y florece) en lo rural

ANA CASTRO
En un momento en el que el despoblamiento asola los pueblos de toda España, cuando las predicciones apuntan a su desaparición, la cultura bulle —y especialmente la poesía— en el ámbito rural. No todo son tradiciones centenarias, romerías o gastronomía popular. La poesía se abre paso con voz firme gracias al compromiso y la implicación altruista en muchas ocasiones de algunos de sus habitantes.

Vista de la iglesia de San Juan Bautista en Cabezas del Villar (Foto: Xemenendura ).


En medio de la llamada España vacía, en plena sierra de Ávila, se abre paso Cabezas del Villar, un municipio con una población inferior a los 300 habitantes, en el que las actividades culturales son amplias y variadas y que mantiene un firme compromiso con la poesía (se diría que descansa casi en el ADN de su población). «Hay una despoblación cada vez mayor y apenas perspectiva de futuro. Podría ser que sólo la cultura pueda salvar esta zona. Vincular estos paisajes primigenios, de belleza agreste y salvaje, que conservan huellas celtas, romanas, visigodas… a la cultura es una obligación. Ávila es una tierra que propicia la exaltación. Ahí están Teresa de Jesús y San Juan De la Cruz. Se entiende bien la poesía. Siempre ha formado parte de la cultura popular. Nuestros abuelos se aprendían poesías de memoria que después nos recitaban en ocasiones especiales. Se admiraba a la gente que se sabía poesías», explica la abulense Concha Hernández, responsable de la programación cultural de la localidad, actual responsable del madrileño Festival Ellas Crean y ex directora del centro cultural Conde Duque.

La merecedora de la insignia de Caballero de las Artes de Francia insiste en la implicación del público y en la respuesta más que positiva a estas iniciativas: «El público en estas tierras tiene hambre de cultura. Sienten como propias las actividades, todo el mundo colabora desinteresadamente. La poesía conmueve y emociona. Si además se ofrece en lugares singulares, como jardines, patios de casas particulares y a la luz de las velas, la experiencia se convierte en un recuerdo único». A modo de ejemplo, precisa que en los actos poéticos se han empleado los bancos de las antiguas escuelas, con fuerte valor sentimental para los habitantes del pueblo, pues en ellos aprendieron muchos a leer y escribir.

Francisco Javier Vera.


Esta férrea defensa de la cultura y de la poesía en concreto ha sido propulsada también en los últimos años gracias a encuentros artísticos y residencias creativas en el ámbito rural, que buscan que las distintas disciplinas embriaguen el día a día del pueblo y sus habitantes y, a su vez, sensibilizar acerca de la relevancia de conservar lo rural y el saber milenario que descansa en estas tierras. Con carácter bianual y multidisciplinar, El Cortijo es uno de estos encuentros y tiene lugar en Navas de San Juan ( Jaén), con una población inferior a los 5.000 habitantes. Francisco Javier Vera, poeta y cantautor participante en una de sus ediciones, valora su experiencia: «Para mí ha sido una revelación. Creo que es un proyecto y una experiencia necesaria, no sé si más para el poeta o artista que para los habitantes de la zona, haciendo referencia a las nuevas generaciones de poetas. La poesía ya está presente en el ámbito rural pero se suele alejar de cómo se entiende la poesía desde hace veinte años (o de cómo nos hacen verla). Es una poesía más tradicional, más de supervivencia. Hay un montón de personas que escriben por necesidad, como empezamos todos los escritores, y que son un diamante en bruto. Es lo que me encontré en El Cortijo. Y es necesario que los poetas conozcan esa otra realidad. También es necesario para el pueblo empaparse de esa otra poesía (necesitan, eso sí, de la cercanía de la poesía, que valoran mucho la poesía tradicional), pero creo que lo es más para el poeta».

Imagen del festival Pan Duro en Brieva (David Echeverría)


Pero si ha habido un momento en el que la poesía ha brillado en el ámbito rural, este ha sido sin duda el festival Pan Duro, la experiencia poética que se ha realizado recientemente en Brieva (Segovia), gracias a la impresionante implicación de los vecinos y al trabajo del colectivo Másquepalabras (Premio Innovación en Cultura 2018). Este pueblo que cuenta con apenas 80 habitantes maridó la poesía con su popular pan duro y llevó a toda una caravana de amantes de esta disciplina a la localidad desde Madrid, entremezclando así lo rural y lo urbano. Las performances y la poesía millennial se combinaron con pasacalles poéticos, espectáculos de música tradicional y, sobre todo, con la exaltación de la poesía declamada por los vecinos, entre los que la tradición oral juega un papel relevante. Por Pan Duro pasaron el premio Nacional de Poesía Juan Carlos Mestre, la banda folk Club del Río, Hasier Larretxea, Gonzalo Escarpa o los polipoetas Los Peligro, entre otros.

Tomando el testigo de las iniciativas poéticas próximas a la capital que reivindican la exaltación y cotidianidad de la poesía, la I edición de Torrepoético llevará entre el 14 y el 16 de septiembre la poesía a Torrelodones, una referencia cultural imprescindible en la sierra noroeste de Madrid. Lo curioso de este festival es que nace de una iniciativa particular, que después el Ayuntamiento ha apoyado y ha colocado en la dirección artística a la poeta y editora Nuria Ruiz de Viñaspre y a la actriz y directora de escena Paula Soldevila. En la programación, incluye talleres y jam sessions para abrir el festival a la participación de los habitantes de la localidad, si bien el 30% de la nómina de autores invitados reside en el municipio, buscando implicar a toda la comunidad.

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