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La voz «íntima y cómplice» de la Nobel Louise Glück en diez poemas


Al menos en el ámbito de habla hispana, el ruido que ha generado la polémica sobre los derechos editoriales de Louise Glück tras la concesión del Premio Nobel parece haber dejado en segundo plano el valor de su obra poética. Por eso creemos que es importante dejar hablar aquí a su poesía, a través de una selección de diez poemas traducidos por el equipo de Poética 2.0.

En el discurso de aceptación del Nobel, la propia Glück ofrece algunas claves para entender su forma de hacer poesía:

“Los poemas a los que, durante toda mi vida, me he sentido atraída con más pasión son poemas como los que he descrito, poemas de una variedad o complicidad íntimas, poemas en los que el oyente o lector realiza una contribución esencial, como receptor de una confidencia o un clamor, a veces como co-conspirador. “Yo no soy nadie”, asegura Dickinson. “¿Tampoco eres nadie tú? / Entonces ya somos dos — no digas nada…”. O Eliot: “Vayámonos, tú y yo, / ahora que la noche se extiende sobre el cielo / como un paciente anestesiado en una camilla…”. Eliot no está convocando a la tropa de Boy Scouts. Está pidiendo algo del lector. Lo contrario, por ejemplo, del “A un día de verano habré de compararte” de Shakespeare. No es a mí a quien Shakespeare compara con un día de verano. Se me permite ser testigo de un virtuosismo deslumbrante, pero el poema no requiere de mi presencia.

…Se supone que aquellos de nosotros que nos dedicamos a escribir libros deseamos llegar a mucha gente. Pero hay poetas que no contemplan lo de llegar a muchos en términos espaciales, como un auditorio repleto. Ellos se ven alcanzando a muchos de manera temporal, muchos a lo largo del tiempo, en el futuro, pero en un sentido más profundo estos lectores siempre llegan en solitario, uno a uno”.

La Academia, asegura Glück, ha querido honrar con el Nobel “esa voz íntima y privada que las manifestaciones públicas pueden aumentar o extender, pero nunca sustituir”. Esperamos haberla captado en todos sus matices en estas versiones en español.

VERANO

Recuerda los días de nuestra felicidad primera,
lo fuertes que éramos, tan aturdidos por la pasión,
echados todo el día, y después toda la noche en la estrecha cama,
durmiendo allí, comiendo allí también: era verano,
parecía que todo hubiera madurado a la vez.
Y hacía tanto calor que yacíamos completamente destapados.
A veces se levantaba viento; un sauce rozaba la ventana.

Pero en cierto modo estábamos perdidos, ¿no lo notabas?
La cama era como una balsa; sentía que íbamos a la deriva,
lejos de nuestras naturalezas, hacia un lugar donde nada descubriríamos.
Primero el sol, luego la luna, a fragmentos,
brillaron a través del sauce.
Cosas que cualquiera podría ver.

Después se cerraron los círculos. Poco a poco las noches se hicieron más frías;
las hojas colgantes del sauce
amarillearon y cayeron. Y en cada uno de nosotros nació
un profundo aislamiento, aunque nunca hablamos de ello,
de la ausencia de arrepentimiento.
De nuevo éramos artistas, esposo mío.
Podíamos continuar el viaje.

Léelo en inglés
(1985)

    Louise Glück recita su poema ‘Summer’ (Verano)

EL PRIMER RECUERDO

Tiempo atrás me dejé herir. Vivía
para vengarme
de mi padre, no
por lo que él era—
por lo que yo era: desde el principio de los tiempos,
en la niñez, creí
que el dolor significaba
que no era amada.
Significaba que amaba.

Léelo en inglés
(1990)

MÚSICA CELESTIAL

Tengo una amiga que aún cree en el cielo.
No es que sea tonta pero, aun con todo lo que sabe, literalmente habla con Dios.
Cree que alguien la escucha en el cielo.
En la tierra es excepcionalmente competente.
Valiente también, capaz de enfrentarse a lo desagradable.

Encontramos una oruga agonizando en la arena,
        mientras hormigas glotonas se encaramaban sobre ella.
Siempre me conmueve la debilidad, el desastre, siempre estoy dispuesta
        a luchar contra lo vital,
pero también soy tímida, cierro rápido los ojos.
Sin embargo mi amiga fue capaz de mirar, dejar que todo sucediera
de acuerdo con la naturaleza. Por mí intervino,
apartando algunas hormigas de aquella criatura destrozada, y la dejó
al otro lado del camino.

Mi amiga dice que cierro los ojos a Dios, que es lo único que explica
mi aversión a la realidad. Dice que soy como la niña que
esconde la cabeza en la almohada
para no ver, la niña que se convence a sí misma
de que la luz provoca tristeza—
Mi amiga es como una madre. Paciente, instándome
a despertar ya adulta como ella, una persona valiente—

En mis sueños, mi amiga me recrimina. Andamos
por el mismo camino, solo que ahora es invierno;
me dice que cuando amas el mundo escuchas música celestial:
Levanta la vista, dice. Cuando levanto la vista, nada.
Sólo nubes, nieve, un revuelo blanco en los árboles
como de novias saltando a gran altura—
Luego tengo miedo por ella; la veo
atrapada en una red lanzada deliberadamente sobre la tierra—

En la realidad, nos sentamos a un lado del camino, viendo el atardecer;
de vez en cuando, el reclamo de un pájaro rompe el silencio.
Es este instante lo que tratamos de explicar, el hecho
de que nos sintamos en paz con la muerte, con la soledad.
Mi amiga dibuja un círculo en la tierra; dentro, la oruga no se mueve.
Siempre trata de hacer algo íntegro, algo hermoso, una imagen
que pueda existir separada de ella.
Estamos muy calladas. Da tranquilidad sentarse aquí sin hablar,
        la composición
fija, mientras se oscurece de repente el camino, el aire
se enfría y aquí y allá las rocas brillan y relucen—
Es esta calma lo que ambas apreciamos.
El amor por la forma es amor por los finales.

Léelo en inglés
(1990)

NUEVO MUNDO

Tal como yo lo veía,
a mi madre, toda su vida, mi padre
la lastró, como
plomo amarrado a sus tobillos.

Ella era
activa por naturaleza;
quería viajar,
ir al teatro, ir a museos.
Lo que él quería
era echarse en el sofá
con el Times
tapándole la cara,
para que la muerte, cuando llegara,
no supusiera un cambio significativo.

En parejas así,
en las que el acuerdo
es hacer las cosas juntos,
siempre es el más activo
el que transige, el que cede.
No se puede ir a museos
con alguien que no
abre los ojos.

Creía que la muerte de mi padre
liberaría a mi madre.
En cierto sentido, lo ha hecho:
viaja, va a ver
grandes obras de arte. Pero flota.
Como el globo de un niño
que se pierde en cuanto
nadie lo sujeta.
O como un astronauta
que pierde de algún modo la nave
y tiene que ir a la deriva en el espacio
sabiendo que, dure lo que dure,
es lo que le queda de estar vivo: ella es libre
en ese sentido.
Sin relación con la tierra.

Léelo en inglés
(1990)

MAITINES

Perdona si digo que te amo: siempre se miente
a los poderosos porque los débiles siempre
se dejan llevar por el pánico. No puedo amar
lo que no puedo concebir, y tú no revelas
casi nada: ¿Eres como el espino,
siempre igual en el mismo lugar,
o eres más como la dedalera, cambiante, que brota primero
como una espiga rosada en la ladera más allá de las margaritas,
y al año siguiente es púrpura en el rosal? Tienes que comprender
que no nos sirve de nada este silencio que promueve la creencia
de que eres todas las cosas, la dedalera y el espino,
la rosa vulnerable, la resistente margarita —Nos lleva a pensar
que no es posible que existas. ¿Es esto
lo que pretendes que pensemos, explica esto
el silencio de la mañana,
cuando los grillos aún no se frotaban las alas, y los gatos
no se peleaban en el patio?

Léelo en inglés
(1992)

FRAGMENTO ARCAICO

Intentaba amar la materia.
Pegué un cartel sobre el espejo:
No puedes odiar la materia y amar la forma.

Era un hermoso día, aunque hacía frío.
Este fue, para mí, un gesto de una emoción extravagante.

……tu poema:
lo intenté, pero no pude.

Pegué otro cartel sobre el primer cartel:
Llora, solloza, golpéate, rásgate las vestiduras—

Lista de cosas que amar:
suciedad, comida, conchas, pelo humano.

……dijo
exceso de mal gusto. Después

rompo los carteles.

AIAIAIAI gritó
el espejo desnudo.

Léelo en inglés
(2006)

    Recital de Louise Glück grabado en 2016

EL MITO DE LA INOCENCIA

Un verano ella sale al campo como de costumbre
y se detiene un momento en el estanque donde
suele mirarse, para ver
si detecta algún cambio. Ve
a la misma persona, cubierta aún
por el horrible manto de su condición de hija.

El sol parece, sobre el agua, muy cercano.
Es mi tío espiándome de nuevo, piensa—
de algún modo todo en la naturaleza está emparentado con ella.
Nunca estoy sola, piensa,
convirtiendo la idea en una plegaria.
Entonces aparece la muerte, en respuesta a una plegaria.

Ya nadie entiende
lo hermoso que él era. Pero Perséfone lo recuerda.
Y también que la abrazó, justo allí,
mientras su tío miraba. Recuerda
el sol centelleando en sus brazos desnudos.

Es el último momento que recuerda con claridad.
Después el dios oscuro la arrastró con él.

Recuerda también, con menos claridad,
la terrible convicción de que desde este momento
no podría volver a vivir sin él.

La niña que desaparece del estanque
nunca regresará. Una mujer será quien regrese,
buscando a la niña que fue.

De vez en cuando vuelve al estanque y dice
Me secuestraron, pero le suena mal,
en nada se parece a lo que sintió.
Luego dice: No me secuestraron.
Luego dice: Me ofrecí, quería
escapar de mi cuerpo
. Incluso, a veces:
Yo lo provoqué. Pero la ignorancia

no provoca el conocimiento. La ignorancia
provoca algo imaginado, en cuya existencia cree.

Todos los sustantivos—
los nombra uno tras otro.
Muerte, esposo, dios, extraño.
Todo suena tan simple, tan convencional.
Debí ser, piensa, una niña simple.

No se recuerda a sí misma como aquella persona
pero aún cree que el estanque se acordará
y le explicará el significado de su plegaria
para que pueda entender
si fue contestada o no.

Léelo en inglés
(2006)

CRUCE DE CAMINOS

Cuerpo mío, ahora que ya no viajaremos juntos mucho más tiempo
me provocas una nueva ternura, muy pura y desconocida,
como lo que recuerdo del amor cuando era joven —

un amor que fue tantas veces ridículo en sus objetivos
pero nunca en sus decisiones, sus intensidades
Se exigía demasiado por adelantado, demasiado para prometerlo —

Mi alma ha sido tan temerosa, tan violenta;
perdona su brutalidad.
Como si fuera esa alma, mi mano se mueve sobre ti con cautela,

sin deseo de ofender
pero ansiosa, al fin, de alcanzar su expresión como sustancia:

no es la tierra lo que añoraré,
es a ti a quien añoraré.

Léelo en inglés
(2009)

EPÍLOGO

Ahora, al leer lo que acabo de escribir, pienso que
paré demasiado pronto, y que mi historia se queda
algo distorsionada, al acabar, como hizo, no de forma abrupta
sino entre una especie de niebla artificial, la misma con que
llenan los escenarios en los cambios complicados de decorado.

¿Por qué paré? ¿Acaso algún instinto
adivinó una forma, y la artista que hay en mí
intervino para detener el tráfico, por así decirlo?

Una forma. O el destino, como lo llaman los poetas,
intuido en esas pocas horas ya tan lejanas—

Eso debí pensar una vez.
Y con todo me desagrada el término
que veo como una muleta, una fase,
la adolescencia de la mente, quizá—

Aun así, era un término que yo misma usé
con frecuencia para explicar mis fracasos.
Destino, porvenir, cuyos designios y avisos
me parecen ahora tan solo
simetrías locales, bagatelas
metonímicas dentro de una inmensa confusión—

El caos fue lo que vi.
Mi pincel se heló—No fui capaz de pintarlo.

Oscuridad, silencio: esa fue la sensación.

¿Qué nombre le dimos entonces?
Una “crisis de visión” que correspondía, creo,
con el árbol que se encaró con mis padres,

pero mientras ellos fueron empujados
hacia el obstáculo,
yo me retiré o escapé.

La niebla cubrió el escenario (mi vida).
Personajes vinieron y se fueron, hubo cambios de vestuario,
mi mano con el pincel se movió de lado a lado
lejos del lienzo,
de lado a lado, como un limpiaparabrisas.

Sin duda esto era el desierto, la noche oscura.
(En realidad, una calle atestada de Londres,
con turistas blandiendo sus mapas de colores).

Alguien dice una palabra: Yo.
De ahí fluyen
las grandes formas—

Respiré hondo. Y se me ocurrió que
la persona que tomó esa bocanada de aire
no era la persona de mi historia, con su mano de niño
agarrando decidida el lápiz de colores—

¿Había sido yo esa persona? Un niño pero también
un explorador a quien el camino se revela de repente, para quien
se aparta la vegetación—

Y más allá, ya no oculta a la vista, aquella exaltada
soledad que quizá experimentó Kant
de camino a los puentes—
(Compartimos el cumpleaños).

Afuera, las calles festivas
estaban decoradas, a finales de enero, por exhaustas luces de Navidad.
Una mujer se reclinó sobre el hombro de su amante
cantando a Jacques Brel con su débil voz de soprano—

¡Bravo! Se cerró la puerta.
Ahora nada escapa, nada entra—

No me había movido. Percibí cómo el desierto
se extendía ante mí, se extendía (parece ahora)
en todas direcciones, cambiando mientras hablo,

de modo que me hallaba constantemente
cara a cara con la nada, esa
hija adoptiva de lo sublime,

que, al final,
ha sido a la vez mi tema y mi medio.

¿Qué habría dicho mi gemelo, si mis ideas
le hubieran llegado?

Tal vez habría dicho
que en mi caso no había obstáculo (sólo por discutir)
tras lo cual me habría remitido
a la religión, el cementerio donde
se responden las cuestiones de fe.

La niebla se había despejado. Los lienzos en blanco
descansaban vueltos del revés contra la pared.

El gatito ha muerto (así decía la canción).

¿Resucitaré de entre los muertos?, pregunta el espíritu.
Y el sol dice sí.
Y el desierto responde
tu voz es arena esparcida al viento.

Léelo en inglés
(2012)

    El editor y el traductor de Louise Glück leen sus poemas y comentan su obra

EL PASADO

Leve luz en el cielo surge
de repente entre
dos ramas de pino, sus finas agujas

se graban ahora sobre la superficie radiante
y por encima este
cielo alto y ligero—

Huele el aire. Ese es el olor del pino blanco,
más intenso cuando el viento sopla a través de él
y el sonido que hace es igual de extraño,
como el sonido del viento en una película—

Sombras que se mueven. Las cuerdas
hacen el sonido que hacen. Lo que oirás ahora
es el sonido del ruiseñor, Chordata,
mientras el macho corteja a la hembra—

Las cuerdas se mueven. La hamaca
se balancea al viento, atada
fuerte entre dos pinos.

Huele el aire. Ese es el olor del pino blanco.

Es la voz de mi madre lo que escuchas
o es solo el sonido que hacen los árboles
cuando pasa el aire a través de ellos

Porque ¿qué sonido haría
al atravesar la nada?

Léelo en inglés
(2014)

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