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Los mejores libros de poesía para este verano

ANA CASTRO
Cada verano toca hacerse con el cargamento adecuado. Probablemente tiraremos de varios títulos anotados en post it o quizás deleguemos totalmente la responsabilidad de la elección en nuestra librera de confianza. Por si acaso nos pillan a desmano alguno de estos recursos, desde Poética 2.0 hemos elaborado un listado de MUST poéticos (de ultimísima publicación) que deben meterse sí o sí en nuestras maletas veraniegas (o colarse formando una torre en la mesita de noche).

Sharon Olds

Sharon Olds.


“El salto del ciervo”, de Sharon Olds (Igitur Poesía, 2018). La premio Pulitzer, traducida por el poeta Joan Margarit, protagoniza el acontecimiento literario del año: la publicación de la su nueva obra en una edición bilingüe a cargo de Igitur. Olds, valiente y decidida, se pone en esta ocasión en la piel de la “esposa abandonada”. Tierna e insólita, se retrata a sí misma al tiempo que nos obliga a empatizar con el dolor insoportablemente humano.

“Ahora alcanzo a ver el amor
de un modo nuevo, ahora que sé que no
estoy bajo su luz. Quiero preguntarle a mi
apenas-ya-marido
cómo es no
amar, pero él no quiere hablar de eso,
quiere un final tranquilo.”

Jorge Villalobos

Jorge Villalobos.


“El desgarro”, de Jorge Villalobos (Hiperión, 2018). El jovencísimo Jorge Villalobos ha resultado ganador del XXXIII Premio de Poesía Hiperión con su sorprendente obra (la segunda publicada, pese a su corta edad), que le ha valido la etiqueta de “poeta del dolor”. Con un lenguaje directo y seco, como si las palabras no pudieran sucederse de otra forma, Villalobos ahonda en la muerte de la madre, que “un hijo sin su madre no es un hijo”. Consigue explorar “la verdad del dolor, el ahogo de la pérdida” desde un pretendido tono autobiográfico. Quien dude del momento que vive la poesía en la actualidad debe leerlo. Su ilusión renacerá.

“(…) Paseo estas playas con la huella de ese niño de seis años porque esta espuma contra mis tobillos me recuerda que, ahora, mi abuela va en silla de ruedas, que el Alzheimer de mi abuelo hizo olvidar aquellas historias, que me recoloco sus gafas de sol. Si quieres miran supieran esto no verían un joven que se adentra en el agua, verían un hijo nadando el vacío de su madre, sin tabla que agarrar.”

Chantal Maillard

Chantal Maillard


“Cual menguando”, de Chantal Maillard (Tusquets, 2018). Una de las poetas más destacadas del panorama nacional abre una nueva línea en su poética con esta obra, en la que funde poesía, prosa y teatro, tomando el testigo de Samuel Beckett. Los seguidores de la autora de obras como “Hilos” o “La herida en la lengua” se encuentran ahora con un personaje, un CUAL, imposibilitado por su propia condición y el vacío.

“CUAL se tapa los oídos
con las manos y escapa.
Piernas de payaso,
engranaje de piel.
Dentro, otro personaje
se tapa los oídos. Huye.

Falta espacio para tanta
dislocación.”

Hollie McNish.


“Nadie me dijo”, de Hollie McNish (La señora Dalloway, 2018). Parece que la maternidad está de moda y no. Es que necesitamos recuperar los relatos silenciados que trascienden los convencionalismos sociales. Voces que hablen de lo sucio, “de lo que no se cuenta”, desde el cuerpo y esta es la visión de la maternidad que comparte en este libro la poeta Hollie McNish. Con el subtítulo “Crear y criar”, esta bellísima edición reúne unas memorias cuajadas de poemas (no pulidos, como la vida) y reflexiones a modo de diario. La mayor parte de estos textos “se escribieron en el suelo de la habitación de su Pequeña mientras ella dormía. Todas las cosas de las que no podía hablar”.

“Somos padres y madres, pero también somos personas
Somos limpiadoras de mocos y somos soñadoras
Somos reinas y somos limpiadoras
Somos las que reciben besos y gritos a cada instante
Somos jardineras privadas de sueño, con manos cortadas ocultas en guantes.
Somos rocas que, a veces, se desmoronan por un amor que pesa como el cemento.

Somos narradoras expertas.
Y nuestras historias se cuentan por cientos.”

Esteban Beltrán.


“La jodida intensidad de vivir”, de Esteban Beltrán (Vaso Roto, 2018). Treinta años más tarde, Beltrán recupera la voz con esta compilación de poemas-conjuro que exponen los miedos existenciales más terribles a partir de los sucesos más simples. Esta conjunción de poemario, diario y novela que es “La jodida intensidad del vivir” actúa para su autor como “un desahogo”. Así, Beltrán confiesa: “Creo que me salvé porque no tuve más remedio que buscar la autenticidad en cada palabra. Esta era la única salida posible.”

“Hubo un entonces en la vida en el que, tras la lluvia de basura
cósmica, siempre escampaba,
en aquellos días todo importaba y nada era importante,
todo te dolía pero nada dolía mucho,
y aunque algunas veces te sentías desgraciado eras también
un inconsciente y un cabrón.”

Detalle de la portada de ‘Algo se ha movido’.


“Algo se ha movido” (Esdrújula, 2018). Andalucía siempre ha sido cuna de poetas pero en la actualidad vive un momento envidiable, de lo que da cuenta esta antología publicada por Esdrújula que recoge poemas de 25 jóvenes que, pese a su edad, ya han encontrado su voz, han publicado y se encuentran premiados en muchas ocasiones. Esto es, que no son tan novísimos, pero nos agitan y asombran y constatan “que algo se ha movido y se sigue moviendo”, como comenta Joaquín Pérez Azaústre en el prólogo.

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