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Para medir,
sumar y dividir

 
ALBERTO SANCHO / POÉTICA 2.0
¿Whitman o White? Que cada uno que escoja a su preferido, pero esta secuencia de la grandiosa Breaking Bad nos sirve de gancho para hablar de ciencia y poesía (o de poesía y ciencia).

Venid, pues, que sabéis deleitaros con el néctar
Celestial a celebrar conmigo en cánticos el nombre
De Newton, grato a las Musas, porque él
Abrió los tesoros ocultos de la verdad.
Edmond Halley (1687)

El astrónomo inglés Halley escribió estos versos dentro de la oda que dedicó a Newton, después de convencerle para que publicara el Principia. En efecto, no es extraño encontrar poesía escrita por científicos y para científicos; los más ilustres poetas reflexionaron en muchos de sus versos sobre diferentes ámbitos de la ciencia.

Leonardo Da Vinci y Rafael Alberti.

Leonardo Da Vinci y Rafael Alberti.

Rafael Alberti, en algunas estrofas de Leonardo, el poema dedicado al sabio italiano, refleja el asombro hacia su persona:

Y dio la Luz a luz. Una armonía
resplandeciente, un deslumbrado orden
en el lecho impecable de las bodas.
El nuevo dios recién nacido orlaba
de un sol impar y par a su vida: El Ojo.
Así su nombre, y en su centro un punto,
pasión, razón y frío: la Pintura.
Bodas de los colores con la ciencia.

Sonia Fernández-Vidal (Barcelona, 1978) escribió Amor cuántico «[…] en un mundo hecho para nosotros. Somos dos posibilidades que colapsaron en una»; una declaración de amor digna de Sheldon Cooper.

Sonia Fernández-Vidal, Sheldon Cooper (interpretado por el actor Jim Parsons en la serie 'Big Bang Theory') y Federico Mayor Zaragoza.

Sonia Fernández-Vidal, Sheldon Cooper (interpretado por el actor Jim Parsons en la serie ‘Big Bang Theory’) y Federico Mayor Zaragoza.

¿Por qué atrae la poesía a los científicos? Incluso acaban escribiéndola. ¿Será que los números son reales pero las letras reconfortan? Federico Mayor Zaragoza, doctor en Farmacia, ex ministro de Educación y Ciencia y ex director general de la UNESCO, escribe:

Siento dejar este vacío
esta inmensa oquedad,
esta costa sin sentido.
Pero me voy…
¡Y el mar se va conmigo!

Roald Hoffmann.

Roald Hoffmann.

Tenemos incluso poesía de Nobel. Roald Hofmann (Ucrania, 1937) ganó el reconocimiento de la comunidad científica en su categoría de Química en el año 1981 por «teorías, desarrolladas independientemente, acerca del curso de las reacciones químicas»; el título de uno de sus libros de poemas, con toda seguridad, directamente relacionado con sus investigaciones: Catalista (para los de letras: de ‘catálisis’, descomposición y nueva combinación de dos sustancias efectuadas por un agente que no se altera). El poemario de Hofmann habla del amor y de sus vivencias con un aderezo de moléculas y células. Quizá haya dado con la clave de la relación que nos ocupa; dice que «los científicos y los poetas compartimos la necesidad de observar nuestro entorno y concentrar la información en pocos signos»; qué gran definición de la ciencia y qué gran definición de la poesía.

 
Este vídeo forma parte de una antología audiovisual de poesía valenciana en castellano que Poética 2.0 publicará próximamente.

Los átomos son la base de la materia. Billones de ellos, combinados en un feliz azar para rescatarnos —como describe Juan Gil Albert en un poema dedicado a Madame Curie— de «los confines de la nada» y sostener esa fugaz «enfermedad» llamada vida:

Vivir es lo más íntimo del mundo.
Es sentir en la piel esa caricia
del aire circundante. Estar despierto.
Despierto de la muerte, estar en vivo.
Haber atravesado los confines
de la nada y venir a establecerse
a esta zona clemente del espacio
donde la enfermedad se llama vida.
Ser entonces lo vivo, lo preciso
esta palpitación inesperada,
este ardor hecho sueño, este trastorno
de placidez, un canto, una plegaria.
Un entretenimiento delicioso
del que nunca sabremos a su hora
que fue, si fue, si era, si habrá sido.

Andrés Neuman.

Andrés Neuman.

Andrés Neuman, un joven poeta (1977) de Buenos Aires, escribe en Mística abajo (2008) cinco poemas con un corte claramente científico y con un juego interesante entre contenido y título; en ‘Corazón’ habla de que «Existe en matemáticas / una curva distinta a la que algunos / los que nunca han dudado / llaman curva de Koch». En ‘La energía’ apela directamente a Max Planck (uno de quienes iniciaron la formulación de la teoría cuántica), al que califica de «genio inocente». Neuman explica, a través de la poesía, el efecto cuántico que nos permite ver cómo los átomos nos saludan:

Lo dicen los maestros de energía:
hay traviesas partículas capaces
de atravesar una barrera sólida,
¡la fuerza se disgrega como el agua!
Los científicos clásicos lo niegan.
Los presentes predican lo increíble
y lo bautizan el Efecto Túnel.
El impulso del alma
no quiere respetar al señor Newton,
se postula invadiendo las fronteras.
El túnel, 2008.

Mario Benedetti.

Mario Benedetti.

Por último recordamos el momento en el que Benedetti se pasa a los enigmas y a la lógica matemática. Lo hace en Despistes y franquezas (1989):

Todos tenemos un enigma
y como es lógico ignoramos
cuál es su clave su sigilo
rozamos los alrededores
coleccionamos los despojos
nos extraviamos en los ecos
y lo perdemos en el sueño
justo cuando iba a descifrarse
y vos también tenés el tuyo
un enigmita tan sencillo
que los postigos no lo ocultan
ni lo descartan los presagios
está en tus ojos y los cierras
está en tus manos y las quitas
está en tus pechos y los cubres
está en mi enigma y lo abandonas

Ruth Padel.

Ruth Padel.

Ciencia y poesía tienen más en común de lo que muchos piensan. Como escribe la poeta Ruth Padel en The Guardian, lo más «profundo» que comparten es tal vez «la forma en que toleran la incertidumbre. Tienen en común cierta modestia: no están obligados a decir que tienen razón. Que son ciertos, quizá. O símplemente más ciertos. ‘Un científico debería ser el primero en admitir que no sabe’ me dijo un biólogo especializado en tigres cuando le pregunté por detalles concretos del comportamiento de los tigres. ‘Un científico avanza hacia la verdad pero nunca la alcanza’».

Sin intención de sustituir al presentador del Milenio (el Cuarto): las matemáticas, la física, la aritmética, la geometría… ¿no son, al fin y al cabo la poesía de los números? ¿No nos extraña cómo una persona es capaz de exteriorizar sus pensamientos de manera tan simple y compleja al mismo tiempo? Pocos se atreverán a discutir — esperemos— que el mejor soneto de Lope de Vega, en el que cada palabra que sigue es la palabra perfecta, es tan perfecto y precioso como lo es la construcción de la espiral de Fibonacci.

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