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Poemas para la Navidad

Se acerca una vez más la Navidad. Es verdad que aún vivimos tiempos inciertos, pero siempre podemos buscar cobijo en la poesía. Por eso hemos seleccionado varios poemas ambientados en torno a las celebraciones de fin de año, empezando por las voces infantiles de este ‘arbolito’ del autor norteamericano e. e. cummings. Como en muchos otros de sus poemas, la colocación de las palabras y los huecos adquieren una gran importancia:

E. E. Cummings.

arbolito
silencioso arbolito de Navidad
eres tan pequeño
que pareces más una flor
¿quién te encontró en el verde bosque?
¿y sentiste mucho tener que marcharte?
mira                  yo te consolaré
porque tienes un olor tan dulce
besaré tu fría corteza
y te protegeré con un abrazo muy fuerte
igual que haría tu madre,
así que no tengas miedo

fíjate                  las lentejuelas
que duermen todo el año en una caja oscura
soñando con que las saquen y les permitan brillar
las bolas las cadenas rojas y doradas los suaves cordeles,

extiende tus pequeños brazos
y dejaré que los sostengas todos
cada dedo tendrá su anillo
y no habrá un solo lugar oscuro o triste

y cuando ya estés vestido
te pondremos junto a la ventana a la vista de todos
¡Y cómo te mirarán!
Oh, pero te sentirás muy orgulloso

y mi hermanita y yo nos cogeremos de las manos
y miraremos nuestro bello árbol
bailaremos y cantaremos
«¡Navidad! ¡Navidad!»

Sylvia Plath con sus hijos Frieda y Nicholas.

‘Globos’ es uno de los últimos poemas que dejó escritos Sylvia Plath en febrero de 1963. Estos restos de la celebración de Navidad parecen tener vida propia y aún ocupan la casa como “ovalados animales espirituales”. Las dotes de observación de Plath y su imaginación convierten una escena cotidiana en algo extraordinario:

Desde Navidad han vivido con nosotros,
inocentes y limpios,
ovalados animales espirituales
que ocupan la mitad del espacio,
moviéndose y rozando la seda

de las corrientes de aire invisible,
soltando un grito y un estallido
al atacarles, luego escapando a descansar sin apenas temblar.
Cabeza amarilla de gato, pez azul…
¡Con qué lunas más extrañas convivimos

en lugar de muebles inertes!
Alfombras de mimbre, paredes blancas
y estos globos ambulantes
de fino aire, rojos, verdes,
que alegran

el corazón como deseos
o pavos reales en libertad que bendijeran
la tierra ancestral con una pluma
forjada de metales estrellados.
Tu hermano

pequeño hace
gemir como un gato a su globo.
Cree adivinar
al otro lado un festivo mundo rosado que podría devorar.
Muerde,

luego vuelve
a sentarse, gorda jarra,
contemplando un mundo limpio como el agua.
Un rojo
jirón en su puño diminuto.

Vicente Aleixandre.

El poeta y Premio Nobel Vicente Aleixandre había nacido en Sevilla, aunque pasó parte de su infancia en Málaga. Aquí recuerda, precisamente, las Navidades de su niñez:

Alguien te pregunta
-lo estoy escuchando-:
¿Qué Navidad amas?

Aves grandes vuelan
con picos oscuros,
con alas nevadas.

Navidad querida
junto a la ribera
de mi mar de Málaga.

Niño, sol y conchas.
Y un girar de espumas
en la arena plácida.

La verdad vivía.
Nadie diga nunca:
la verdad se engaña.

La niñez sabía
con sabiduría
de cabeza blanca.

¡Oh, montañas puras
de corcho! y ¡oh, estrellas
de papel de plata!

La mano del niño
sapiente, un instante
del vidrio hacía agua.

Y mágicamente
descorría nubes
de algodón en rama.

Mano gigantesca
que en el “Nacimiento”
sin temblar tocaba,

transformaba, hacía,
construía; un día
fuerte derribaba.

El niño salía
después a la mar.
Desnudo, rodaba.

Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno.

La nieve sirve de excusa a Miguel de Unamuno para componer esta meditación sobre el paisaje invernal de finales de año que revela sus motivos sólo en los últimos versos:

La nevada es silenciosa,
cosa lenta;
poco a poco y con blandura
reposa sobre la tierra
y cobija a la llanura.
Posa la nieve callada,
blanca y leve
la nevada no hace ruido;
cae como cae el olvido,
copo a copo.
Abriga blanda a los campos
cuando el hielo los hostiga,
con sus campos de blancura;
cubre a todo con su capa,
pura, silenciosa,
no se le escapa en el suelo
cosa alguna.
Donde cae allí se queda,
leda y leve,
pues la nieve no resbala
como resbala la lluvia,
sino queda y cala.
Flores del cielo los copos,
blancos lirios de las nubes,
que en el suelo se ajan,
bajan floridos,
pero quedan pronto
derretidos;
florecen sólo en la cumbre,
sobre las montañas,
pesadumbre de la tierra,
y en sus entrañas perecen.
Nieve, blanda nieve,
la que cae tan leve,
sobre la cabeza,
sobre el corazón,
ven y abriga mi tristeza
la que descansa en razón.

Maria-Mercè Marçal.

Maria-Mercè Marçal.

La autora catalana Maria-Mercè Marçal describe en este breve poema un ‘Veintiuno de diciembre’ en el que por primera vez en mucho tiempo puede detenerse a disfrutar de lo que le rodea:

Avui, vint-i-u de desembre,
he sortit al balcó:
sota una pluja que ja amainava
he vist els testos, les olles, els pots
de conserva plantats d’atzavares,
de cintes, begònies, geranis i cactus,
de cabellera de la reina
i d’alegria de la casa.
I el gessamí, que si se’m mor, no se’m mor.
Feia dies que no sortia al balcó
corrent darrera d’amors i d’altres coses…
[Hoy, veintiuno de diciembre,
he salido al balcón:
bajo una lluvia que ya amainaba
he visto las macetas, las ollas, los botes
de conserva plantados de agaves,
de cintas, begonias, geranios y cactus,
de cabellera de la reina
y de alegría de la casa.
Y el jazmín, que si se muere, no se muere.
Hacía días que no salía al balcón
corriendo detrás de amores y otras cosas…]

Gloria Fuertes.

Gloria Fuertes compone aquí una ‘Hoja de Navidad’ para escribir una lista de deseos que rebosa tristeza e ironía a partes iguales:

No pido caridad,
sólo mi jornal,
sueldo base
y tres amores que olvidar.
Soltera impedida
ayuda solicita
impedir desahucio,
tengo veinte libros menores
de treinta años
y aguda carencia afectiva

Un joven Federico García Lorca.

Y para terminar, quizá el poema más conocido. Federico García Lorca construye en ‘Poeta en Nueva York’ un ‘Nacimiento de Cristo’ lleno de imágenes surrealistas y un poso de inquietud:

Un pastor pide teta por la nieve que ondula
blancos perros tendidos entre linternas sordas.
El Cristito de barro se ha partido los dedos
en los filos eternos de la madera rota.

¡Ya vienen las hormigas y los pies ateridos!
Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro.
Los vientres del demonio resuenan por los valles
golpes y resonancias de carne de molusco.

Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes
coronadas por vivos hormigueros del alba.
La luna tiene un sueño de grandes abanicos
y el toro sueña un toro de agujeros y de agua.

El niño llora y mira con un tres en la frente.
San José ve en el heno tres espinas de bronce.
Los pañales exhalan un rumor de desierto
con cítaras sin cuerdas y degolladas voces.

La nieve de Manhattan empuja los anuncios
y lleva gracia pura por las falsas ojivas.
Sacerdotes idiotas y querubes de pluma
van detrás de Lutero por las altas esquinas.

El equipo de Poética 2.0 os desea una feliz Navidad, en la que podáis seguir disfrutando de la poesía en nuestra plataforma VERSO.

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