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Poesía de Ucrania: Voces desde un país herido

“¿Es posible la poesía en el momento en que se revuelve la historia, una vez que sus pasos reverberan en cada corazón?”, se pregunta la poeta ucraniana Anastasia Afanasieva. En estos días tan trágicos nosotros seguimos creyendo en el poder de la poesía, en su capacidad de conectarnos a otras formas de ver y de sentir. Por esa razón os presentamos una breve selección de poemas escritos por autores nacidos en Ucrania: sus voces resuenan aquí con la amargura, el desencanto y la ironía resignada de quienes habitan un país herido.

Ilya Kaminski nació en Odesa en 1977, aunque se trasladó con su familia en 1993 a Estados Unidos, donde se les concedió asilo político. En los primeros días de la invasión rusa de Ucrania comenzó a circular por las redes sociales uno de sus poemas, escrito originalmente en inglés y titulado ‘Vivimos felices durante la guerra’.

Ilya Kaminski.

Según explica el propio Kaminski en un reciente artículo en el New York Times, el poema se publicó por primera vez en 2013, “el mismo año en que comenzaron las protestas de Maidan en Ucrania. Víktor Yanukóvich, el entonces presidente ucraniano, intentaba acercarse a Putin y aplastar las manifestaciones. Los ucranianos le rechazaron, Putin robó Crimea y comenzó la guerra en Donbas”. En ese momento, añade, “mi país de adopción, los Estados Unidos, estaba inmerso en sus propias campañas por la ‘libertad’” en Bagdad. “¿Quién se acuerda ahora de los bombardeos de Grozni, la capital de Chechenia?”, se pregunta Kaminski. “Los políticos americanos vociferaron un poco. Luego se olvidaron. Es lucrativo olvidarse. A las petroleras les gusta hacer negocios con Putin”.

VIVIMOS FELICES DURANTE LA GUERRA

Y cuando bombardearon las casas de otros, nosotros

protestamos
pero no lo suficiente, les hicimos frente pero no

lo suficiente. Yo estaba
en mi cama, alrededor de mi cama América

se derrumbaba: casa invisible tras casa invisible tras casa invisible.

Saqué fuera una silla y contemplé el sol.

Al sexto mes
de un desastroso reinado en la casa del dinero

en la calle del dinero en la ciudad del dinero en el país del dinero
nuestro gran país del dinero, nosotros (que nos perdonen)

vivimos felices durante la guerra.

Anastasia Afanasieva

Anastasia Afanasieva (Járkov, 1982) ha publicado seis libros de poemas y ha recibido algunos de los premios más importantes de la poesía en ruso. Sus libros se han traducido al inglés, alemán, italiano, ucraniano y bielorruso. En el prólogo de una antología sobre poesía y guerra publicada en 2017, Ilya Kaminski citaba un correo electrónico en el que Afanasieva, hablante nativa de ruso, hablaba de su experiencia viajando por Ucrania: “Nunca me he sentido discriminada por hablar ruso. Es un mito. En cada ciudad del oeste de Ucrania que he visitado he hablado en ruso con todo el mundo. He encontrado nuevos amigos y, lejos de sentirme agredida, todos me han tratado con respeto”. Este poema fue escrito tras la invasión rusa de Crimea y Donbas en 2014:

¿Puede haber poesía después de
Yasinuvata, Hórlivka, Savur-Mohyla, Novoazovsk?
¿Después de
Krasnyi-Luch, Donetsk, Luhansk?
¿Después de
separar los cuerpos en reposo de los agonizantes?
¿Los hambrientos de aquellos que van de paseo?
Mucho después
de que la poesía degenere en un “balbuceo autista”
Labios apareándose en la oscuridad
Pregunto
medio despierta
¿Es posible la poesía
en el momento en que
se revuelve la historia,
una vez que sus pasos
reverberan en los corazones?
Imposible hablar de cualquier otra cosa,
hablar resulta imposible.
Mientras escribo esto
muy cerca de mí
se aniquila toda esperanza.

Iya Kiva.

Iya Kiva (Donetsk, 1984) es una poeta, periodista y traductora afincada en Kiev. Escribe en ruso y también, desde el comienzo de la guerra de 2014, en ucraniano. La frase “febrero solloza al sacar el tintero” de su poema es una referencia a estos versos de Boris Pasternak: “Febrero. ¡Tomar la tinta y llorar! / Escribir de febrero sollozando, / mientras el lodazal ruidoso / arde como negra primavera”.

Este ataúd es para ti, pequeño, no tengas miedo, échate,
una bala llamada vida bien agarrada en tu puño.

No creíamos en la muerte, mira… Las cruces son de papel de plata.
¿Escuchas? ¿Todos los campanarios se han arrancado la lengua?

No te olvidaremos, créelo, créelo, cree…
La fe se desangra por la costura interior de tu manga,

cantos, oraciones, salmos se hinchan como un nudo en tu garganta
en mitad de este maldito invierno vestido de caqui,

y febrero solloza al sacar el tintero.
Y la vela gotea sobre la mesa, ardiendo y ardiendo…

Serhiy Zhadan

Serhiy Zhadan.

Serhiy Zhadan (Starobilsk, 1974) es una de las voces clave en la literatura ucraniana actual. Poeta, novelista y traductor, es también miembro de una banda de ska para la que escribe las letras. Sus libros han sido traducidos ya a más de diez idiomas, sus lecturas públicas y recitales siempre están concurridos y sus versos suelen ‘viajar’ por las redes sociales.

…que hable ahora o calle para
siempre, que explique lo obvio:
cómo descienden las llamas
sobre los hombros de los amantes,
cómo la desesperación, igual que un carnicero,
arranca las entrañas del mundo
sobre el empedrado matinal de una ciudad de septiembre,
que hable ahora, mientras aún se pueda
al menos salvar a alguien, al menos ayudar a alguien,
que nos diga cómo terminará otro descenso
a lo más profundo de la corriente,
cómo la inmersión en el fango marrón oscuro,
en las profundidades de la oscuridad, cuando el agua, como el silencio,
dura más que cualquier lenguaje, tiene más sentido
que las palabras pronunciadas con pasión, es más fuerte que las declaraciones
entre dos personas golpeadas por la danza del amor.
Que advierta a esta pareja despreocupada, arrastrada,
como un pez por el ritmo de las aguas subterráneas,
por el cambio del viento, por el sol de principios de octubre, que les advierta
de que todos acabarán arrojados a tierra, desgarrados por dentro
por el frío del cristal roto,
nadie podrá detener la corriente,
nadie leerá el libro celestial
escrito en la lengua muerta del otoño.
Mejor que hable ahora, mientras ellos, encantados,
cuentan pájaros como las letras de un nombre
garabateado por la mano de un niño,
que hable, que intente romper
esta alegría de los adultos,
de pie uno frente a otro,
como para proteger su soledad.
La ágil danza de los pájaros,
la lógica de los gestos de afecto,
cuerpos, como letras que formaran
frases alegres.
En cualquier caso, todo estuvo claro desde el principio.
¿Y a quién frenó?
¿A quién asustó?
El sonido eterno de un río.
Advertencias eternas y valor eterno.
Son tan fuertes cuando emigran al Sur.
Tan conmovedores cuando regresan a casa.

Yury Zavadsky.

Yury Zavadsky (Ternópil, 1981) es poeta, traductor, crítico literario y músico experimental. Ha publicado diez libros de poesía y es uno de los redactores jefe del almanaque científico ‘Studia methodologica’.

COMUNICACIÓN

Sorprende cuánto dependen los sentimientos de la presión sanguínea.
La electricidad en mi cuerpo me impide quedarme quieto.
Y, aun así, me obligo a no moverme.
Los dedos recorren nerviosos el teclado.
Después los versos irregulares se vuelven ensoñaciones.
Tus mensajes de texto siguen mis pasos.
No quiero seguir callado, pero no tengo nada que decirte.
El día ya está perdido y no hay píldora que lo traiga de vuelta.
Sólo queda un desagradable cansancio al final del día.
La noche y el sueño perturbador imposible de recordar.
Creo que soy feliz
al sentir tu tibia proximidad
y tus dedos tan cerca.
Oh estos días desarraigados como mis poemas
me llenan de alcohol.
Hoy, todo el día es una mañana,
una fría bruma cuyas gotas cuelgan del aire.
El espacio vacío del otoño.
Creo que soy feliz junto a ti,
nunca me he sentido tan seguro y tranquilo.
Dudo si todo va tan bien,
aunque, al pasar estos días,
los recordaré
como los mejores días.
— Cierra los ojos y relájate, ¿lo sientes?
— Es otoño y se viene la melancolía sobre nosotros.
— Soy yo con mi crisis temporal.

Borys Humeniuk

Borys Humeniuk (Ostriv, 1965) es poeta, escritor y periodista. Tomó parte activa en la llamada ‘Revolución de la Dignidad’ y en 2014 luchó en el este de Ucrania como vicecomandante de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN).

El comandante de nuestra unidad es un tipo extraño
Cuando sale el sol sobre el campo de batalla
Dice que es alguien quemando un neumático en un ‘checkpoint’ a lo lejos
La luna para él es el cañón de una pistola
Y el mar es plomo fundido
¿Por qué es salado?
Porque está hecho de nuestras lágrimas sudor pis sangre
Fluye a través de nosotros.

Un tipo extraño, digo.
Pero hoy se ha superado
De buena mañana entró en nuestra tienda y dijo
¡Se acabó! ¡Hoy ya no habrá más guerra!
Eso es lo que anunciaron en la tele:
La guerra se termina durante tres días.

Aquí en el frente hemos aprendido
que existen dos clases de personas: la gente y la gente de la tele
No nos gusta la gente de la tele
Nos parecen farsantes, son malos actores
De hecho, ni siquiera tenemos tele
Y si la tuviéramos, sólo veríamos los dibujos (más verídicos)
O ‘En el mundo de los animales’ (más interesante)

Estábamos preparando las armas y la munición
Cuando nuestro peculiar comandante
Nos sorprendió con la noticia.

El cinturón de la ametralladora se quedó helado
en manos del artillero Vasyl de Krémenets
Y de su reponedor Shashko de Boyarka
Luego se erizó como el lomo de una bestia prehistórica
Las granadas que asomaban por el bolsillo
Del granadero Max de Luhansk
Se escondieron de nuevo como gatitos asustados.

¿Has intentado alguna vez detener un tren de alta velocidad
colocando un céntimo en las vías?
¿Le has dicho al sol alguna vez, espera, no te muevas
que tengo muchas cosas que hacer hoy?
¿Has rogado alguna vez a una mujer de parto:
Estamos atrapados por la nieve, la comadrona no va a llegar.
Aguantas otros tres días?

El niño ha de nacer
El tren ha de alcanzar su destino
El sol ha de seguir moviéndose como un neumático en llamas
Y cuando desaparezca la luna ocupará su lugar
Como el cañón de una pistola
Y la noche caerá como ceniza.

En el primer día sin guerra
Perdimos a nuestro reponedor de la ametralladora
Sashko de Boyarka
Y al granadero Max de Luhansk
Las balas llegaron desde el otro lado de la guerra
Como furiosos avispones
Alcanzaron a Sashko en el cuello
Y a Max en el corazón
Quizá el otro bando no tenga un comandante de unidad tan peculiar
Que comunique extrañas noticias
Quizá vean un canal de tele diferente
Quizá su tele esté estropeada

Kateryna Kalytko.

Kateryna Kalytko (Vínnytsia, 1982) es poeta, novelista y traductora. Ha fundado el festival Intermezzo de relatos cortos y en 2017 consiguió el premio Joseph Conrad.

6 DE ABRIL

No duermes sólo con este hombre, sino con toda su vida,
y a veces ella te despierta y le arranca de tus brazos.
Pues, ya ves, a menudo la guerra viene y se tiende entre vosotros como un niño
temeroso de quedarse solo en la oscuridad.

La guerra, dice él, implica muchos números, veamos:
dos familiares equivalen a un saco de huesos,
mil trescientos noventa y cinco días de asedio,
tres paquetes de ayuda humanitaria: mantequilla, alimentos enlatados,
leche en polvo, tres pastillas de jabón.

Cuatro hombres armados vienen a buscarte,
te muestran sus órdenes y luego te escoltan hacia la noche.
Durante el paseo por la ciudad
oyes misiles que vuelan sobre tu cabeza, dos veces.

…Cinco veces te sacan de los barracones
hasta una fosa donde cuarenta y tres yacen pudriéndose
y siempre piensas: esta vez voy a morir
y le diré a Dios que era un mal chiste.

Pero te tiran boca abajo contra la tierra
y se toman su tiempo presionando una pistola contra tu cabeza.
Desde entonces, dice él, no me gusta soñar,
esta clase de recuerdos no son apropiados para un hombre.
Corres por el bosque, te disparan por la espalda,
una bala alcanza tu muslo pero sólo sientes la tierra en tu rostro.
Es entonces cuando crece un árbol desnudo de dolor
en tu pecho, palpitando.

Y yo no respondo porque qué puedes decir ante aquello
Sigo limpiando de tierra su rostro, una y otra vez,
incluso mientras duerme,
incluso mientras no está.

Taras Shevchenko.

Taras Shevchenko (1814-1861) es considerado uno de los padres de la moderna literatura ucraniana. Su poema ‘Testamento’ se ha convertido en un himno traducido a más de 150 idiomas.

TESTAMENTO

Cuando muera, enterradme
en medio de la estepa
de mi Ucrania. Así dominaré
los amplios campos y
el Dniéper con sus meandros.
Así lo veré y le oiré rugir,
rugir mientras arrastra

la sangre de los ladrones
al océano. Luego me desprenderé de
campos, montañas y de mí mismo
y los incendiaré como oraciones.
No conoceré a Dios hasta entonces.

Dadme cobijo y alzaos,
romped las cadenas y salpicad
la tierra de sangre y furia,
recobrando vuestro cuerpo. Ahora

en nuestra vasta familia,
la libre, la nueva,
no olvidéis recordarme
con palabras bien intencionadas,
una palabra sin rabia,
en silencio.

Todas las traducciones son de Ángel Salguero a partir de las versiones en inglés de los poemas.

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