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Poesía en la cartera: Cuando los poetas son el rostro de los billetes

Muchos poetas, al anunciar su vocación, se habrán cansado de escuchar aquello de que en la poesía no hay dinero. Y, sin embargo, sí se podría decir que hay algo de poesía en el dinero: Ciertos países, al elegir quién debe figurar en los distintos billetes de sus monedas nacionales, han optado por reproducir la imagen de algunos de sus grandes poetas. Veamos algunos de ellos.

En España, antes de que la llegada del euro unificara el diseño del papel moneda eliminando cualquier retrato, el rostro de Quevedo sirvió por ejemplo para ilustrar un billete de 100 pesetas emitido en el año 1900. Seguramente, es algo que este autor nunca pudo haber imaginado cuando escribió aquello de «poderoso caballero es Don Dinero».

«No concebimos a nuestro Cervantes irritado, exasperado por no tener dinero», escribía Azorín en uno de sus artículos de prensa. «Y serían muchos, incontables, los días en que Cervantes no tenía doblonada. Con poco dinero cosas y actos humildes que con mucho no apreciaríamos, los gustamos y los estimamos. Con poco dinero, Cervantes ha podido estar más cerca de las cosas que con mucho dinero. Abrazado a la realidad, desamparado de todos, se eleva a una región a que los demás no se aúpan». La imagen del autor del Quijote, y también poeta, aparecía en este billete de 100 pesetas emitido en 1928.

En una de sus Rimas, Gustavo Adolfo Bécquer se lamentaba de que entre las clases más acomodadas el dinero sea lo principal, por encima del amor y del arte:

Voy contra mi interés al confesarlo;
Pero yo, amada mía,
Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
De un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
Se haga cruces y diga:
«Mujer al fin del siglo diez y nueve,
Material y prosaica…» ¡Bobería!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
Que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida,
Con genio, es muy contado quien la escribe
Y con oro, cualquiera hace poesía.

Irónicamente, su rostro adornó este billete de cien pesetas que circulaba en 1965:

Nacida en 1837, justo un año después que Bécquer, la poeta Rosalía de Castro es considerada como la fundadora de la literatura en gallego. Cuenta la experta Catherine Davies en un ensayo biográfico que Rosalía se relacionó poco con el mundo literario de la época y que, hacia el final de su vida, vivió casi aislada en el campo. Publicó para ganar dinero y sobrevivir, ya que su marido, Manuel Murguía, sufría una gran inestabilidad en su trabajo. Los problemas económicos se agravaban también por el delicado estado de salud de la escritora, cuyo retrato se mostraba en este billete de 500 pesetas de 1979:

En los últimos años han seguido publicándose poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez, ganador de un Premio Nobel en 1956. Entre ellos, este que dedicaba a un ‘niño pobre’ que sueña por un día ser rico, del que reproducimos la primera y última estrofas:

Le han puesto al niño un vestido
absurdo, loco, ridículo;
le está largo y corto; gritos
de colores le han prendido
por todas partes. Y el niño
se mira, se toca, erguido.
Todo le hace reír al mico,
las manos en los bolsillos…
La hermana le dice ─pico
de gorrión, tizos lindos
los ojos, manos y rizos
en el roto espejo─: «¡Hijo,
pareces un niño rico…! »

La tarde cae. Malvas de oro
endulzan la torre. Pitos
despiertos. Los farolillos,
aún los cohetes con sol vivo,
se mecen medio encendidos.
Por la plaza, de las manos,
bien lavados, trajes limpios,
con dinero y con juguetes,
vienen ya los niños ricos.
El niño se les arrima,
y, radiante y decidido,
les dice en la cara: «¡Ea,
yo parezco un niño rico!».

La imagen de Juan Ramón Jiménez aparecía en este billete de 2.000 pesetas, que circuló en España desde la década de los 80:

La poeta y pensadora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz fue la figura más importante del barroco mexicano, pionera en la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres. Su temprana afición por la lectura y su carácter independiente le llevaron a entrar en la Orden de San Jerónimo para tener la oportunidad de seguir estudiando y escribiendo. Como expresaba en uno de sus sonetos más famosos:

Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.

Su retrato ha aparecido en numerosos billetes mexicanos, entre ellos este de 200 pesos:

Premiada con un Nobel, Gabriela Mistral se convirtió en una de las principales voces de la poesía hispanoamericana del siglo XX. Como educadora e intelectual, se comprometió en la defensa de los derechos de los niños, de las mujeres y de los más desfavorecidos, así como de la democracia y la estabilidad en Hispanoamérica y el resto del mundo. Los poemas de ‘Sonetos de la muerte’ (1914) le dieron una gran fama, aunque su primer gran poemario, ‘Desolación’, no llegaría hasta 1922. Le siguieron ‘Ternura’ (1924) y ‘Tala’ (1938). Su imagen ilustra desde 1981 el billete de 5.000 pesos en Chile, rediseñado en 2009:

La poeta española Juana Castro recuerda cómo el día que conoció la obra de la uruguaya Juana de Ibarbourou se reafirmó en su vocación literaria. Esta autora hispanoamericana escribió en sus primeros años versos sensuales, cercanos al modernismo, que más tarde darían paso a una serenidad y melancolía cercanas al estilo de Gabriela Mistral. Su rostro puede verse en este billete de 1.000 pesos de Uruguay:

«El dinero, los niños, los locos. Nunca debe envidiarse la riqueza excepto de manera platónica. La riqueza es libertad», escribía Fernando Pessoa en uno de los textos de su ‘Libro del desasosiego’. El autor de las múltiples personalidades (hasta 81 heterónimos distintos aparecen en toda su obra), que llegó a editar con su cuñado una revista de negocios en la que escribió artículos sobre mercadotecnia, puso rostro muchos años después a este billete de 100 escudos que circuló en Portugal:

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