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Rafael Soler: «Sé que un poema está bien si siento que me lo dictan»


ÁNGEL SALGUERO
«Los poemas son como cerezas», dice Rafael Soler. «Unos tiran de otros». La última cosecha de este poeta valenciano residente en Madrid está recogida en el libro No eres nadie hasta que te disparan, recién publicado por Vitruvio. Se trata de un plano cenital filmado en versos del corazón y las relaciones humanas porque, como sugiere el título, hay amores que matan y también hay fracasos que enseñan a vivir.

Es la continuación de una larga trayectoria literaria, iniciada en 1979, en la que Soler ha combinado la novela, los relatos cortos y la poesía, aunque esta última ha sido su ocupación principal en los últimos años con títulos como Maneras de volver, Las cartas que debía, La vida en un puño o Ácido Almíbar, Premio de la Crítica Valenciana en 2015. Hay, explica por experiencia, una clara diferencia entre el pulso poético y el narrativo: «Yo escribo mucho pero poco de lo que escribo vale, y además tiene que ser así. Cuando escribes una novela y coges el tono de la novela, puedes estar escribiendo todos los días un rato. Pero en poesía tú no te puedes levantar y decir: Hoy voy a escribir un poema fantástico. Porque un poema viene cuando quiere».

El poeta Rafael Soler durante una grabación con Poética 2.0 en el Teatro Marquina de Madrid.

El poeta Rafael Soler durante una grabación con Poética 2.0 en el Teatro Marquina de Madrid.


Y en su caso, cuando quiere, lo hace con versos como estos de No eres nadie hasta que te disparan, que describen «ese ebrio cometa que a mis labios sube / cuando me escucho decir / no es esto amor no es esto / y tú callas». Entonces, ¿qué es el amor? Para Soler, es «el motor del mundo». Mucha gente no se da cuenta, asegura, pero «el amor mueve los muebles, los cambia de sitio. Al besarse una pareja, el aparador se desplaza algunos centímetros, a la derecha o a la izquierda. Dicho eso… ¿cuánto dura la pasión? ¿Es el arrebato lo que buscamos en el amor? ¿Es la compañía, recogernos? ¿Tiene una sola cara el amor, la relación de pareja? En otro libro mío, Maneras de volver, el primer capítulo se titula Amor kebab y lo que hace es ofrecer muchas miradas distintas sobre la relación amorosa. Lo que sé es que yo creo en el amor y ay del que no pueda compartir su vida con otra persona».

Portada-Soler«Alguna ventaja tiene / esa cortedad de sentimientos / que da ser un perdedor», afirma en otro poema, recordando aquella frase de Scott Fitzgerald: «Hablo desde la autoridad que da el fracaso». Y es que el poeta está convencido de que se aprende fracasando. «Cuando te equivocas», señala, «quiere decir que has tomado una decisión, has dado un paso adelante y te has arriesgado. Luego viene lamerse las heridas, reflexionar y volver a levantarse. El fracaso forma muchísimo más que un éxito. Es la gran escuela de la vida».

Las páginas de No eres nadie hasta que te disparan están llenas de ironía, como cuando la voz principal del libro lamenta así su suerte: «Ahora que llamo a cuanto fui / y no tengo cobertura». Es un antídoto contra la tentación de muchos autores de tomarse demasiado en serio: «Los poetas tendemos a ponernos muy solemnes, muy trascendentes. Y hay una pregunta muy sencilla: ¿Qué va a quedar de todo esto dentro de cincuenta años? Por favor… ¿qué va a quedar? Van a quedar tres, y de esos tres, cinco poemas espléndidos. Yo soy esencialmente poeta, vivo ‘en poeta’, que no sé muy bien qué quiere decir. Estoy encantado de que la poesía me acompañe pero no hay que volverse locos. Un poeta es un simple ‘recogedor’ de algunos destellos, de algunos pequeños relámpagos que llegan a veces… Y muy poco más».

Captar esos «destellos» es una cuestión de suerte o de azar. A veces, explica Soler, uno se tropieza con un verso. «Un poema que está en Ácido almíbar, titulado Guía para un lector necesitado, nació al recibir yo la visita de un verso que decía: ‘Final feroz del que se marcha mudo’. No sabía qué había en ese verso, qué me quería decir. Lo saqué a pasear mucho tiempo y un día, al volver a casa, del tirón salió el poema entero. Yo sé que un poema está bien cuando no lo escribo yo, cuando tengo la sensación de me lo dictan al oído. Incluso he llegado a vivir un desdoblamiento, varias veces, en el que yo mismo me estoy viendo mientras escribo».

    Presentación en Madrid de ‘No eres nadie hasta que te disparan’

Y esa ‘magia’ se completa a través de los ojos del público porque, explica, «un poema sólo termina de escribirse cuando encuentra su lector. Sólo en ese momento. Y no sólo eso: si el poema es grande, el lector cada vez que vuelva sobre él va a encontrar cosas nuevas. A mí me pasa con la poesía de Claudio Rodríguez, por ejemplo, y con muchos otros poetas. También es verdad que tú creces, evolucionas, tu mirada cambia, aparecen nuevas afinidades… Pero esa es la grandeza de la poesía, el sugerir. El buen poema está lleno siempre de silencios y el lector es el que va completando esos silencios».

Frente a los poemas que se escriben ‘solos’, Soler habla también de los que se quedan atascados en el borrador, reclamando la atención del poeta para ser rescatados. Pertenecen, dice el autor valenciano, a «la categoría de los ojeadores, como los ñus. Poemas que son como avanzadillas en las que tú vas explorando un territorio. Ya han cumplido su misión, te están acercando a la médula espinal, a lo que no sabes que quieres contar. Esos poemas, que son honestos, trabajadores y se lo han currado muchísimo, no salen a la luz. Luego los retocas, les coges cariño, negocian contigo: ‘Venga, hombre, ponme en este libro, sí, mírame…’. Pero no. Hay que volverlos a tocar, cambiar versos… Cuanto más manoseas un poema, peor».

 
Rafael Soler no cree en las redes sociales y la inmediatez de internet. Para un poeta, afirma, es imprescindible disfrutar de «silencio, de recogimiento. Tienes que estar perdido para encontrarte. ¿Cómo puedes escribir un poema y colgarlo esa misma noche en las redes?». Reconoce, sin embargo, que bien utilizadas esas redes constituyen «una muy buena oportunidad para darte a conocer».

Vaticina también que el fenómeno editorial de la poesía joven con sus grandes tiradas «se va a consolidar». Estos poetas convivirán, dice, con «los autores clásicos, los que van por el canon, publican tiradas cortas y compiten por el reconocimiento».

Al final, a pesar de todo, Soler es optimista. «A la poesía volvemos siempre y mejor nos iría si los poetas tuviesen más cancha en muchos foros donde poder expresarse. Yo creo que soplan muy buenos tiempos para la poesía», concluye.

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