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Rosalía de Castro, la primera estrella de la poesía española

La constelación de Ofiuco, conocida como ‘El cazador de serpientes, es una de las 48 que ya listó el astrónomo alejandrino Ptolomeo. Se encuentra sobre el ecuador celeste y por ello es visible en los dos hemisferios durante los meses de abril a octubre. Y ahora, entre sus estrellas, brilla una que conserva el recuerdo de Rosalía de Castro.

Tras una votación popular organizada por la Unión Astronómica Internacional, España ha elegido el nombre de la poeta gallega para bautizar una estrella enana similar a nuestro sol, situada a 240 años luz de la tierra. En torno a ella orbita un planeta gaseoso, de un tamaño 1,3 veces superior a Júpiter, que ha recibido en la misma votación el nombre de ‘Río Sar’, muy presente en la poesía de Rosalía de Castro.

Imagen de la estrella HD 149143, que ahora lleva el nombre de Rosalía de Castro.

Pero la luz de la estrella llamada Rosalía se encendió por primera vez un 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela. Allí nació en una casa ya desaparecida del Camiño Novo que ahora, casi dos siglos después, lleva también su nombre. Su madre era María Teresa de la Cruz de Castro y Abadía, de familia de origen noble aunque venida a menos. Su padre, José Martínez Viojo, era sacerdote y ni reconoció ni legitimó a su hija, aunque sí la encomendó al cuidado de sus hermanas. En el registro, la recién nacida constó como «hija de padres incógnitos».

Una joven Rosalía de Castro.

Rosalía pasó sus primeros años de vida con una de sus tías en la casa paterna de Castro de Ordoño, una aldea en el municipio de Ames en La Coruña. Allí tuvo un contacto con el mundo rural, con su lengua y creencias y costumbres, que años después se reflejaría en su libro ‘Cantares gallegos’.

Algunos testimonios —entre ellos, un registro en el Ayuntamiento de Padrón— parecen indicar que la futura poeta quedó a cargo de su madre en 1842, cuando tenía poco más de cinco años. Ambas acabarían viviendo en Santiago de Compostela, donde Rosalía recibió clases de dibujo y música y asistió a las actividades del Liceo de la Juventud.

A los 19 años, en 1856, se trasladó a casa de unos parientes en Madrid. Al año siguiente, presentó una colección de poemas en castellano bajo el título de ‘La flor’ que recibió una muy buena crítica de Manuel Murguía en el periódico liberal ‘La Iberia’. Ambos acabarían contrayendo matrimonio meses después, el 10 de octubre de 1858, en la iglesia madrileña de San Ildefonso.
En 1859 publicó su primera novela, ‘La hija del mar’, en la que ponía en negro sobre blanco sus reivindicaciones como mujer, a través de personajes femeninos sometidos o inadaptados.

 
Tres años más tarde falleció repentinamente su madre, con quien había ido perdiendo de forma paulatina el contacto. Rosalía le dedicó un breve volumen de poemas, ‘A mi madre’, en el que mostraba un enorme dolor y un sentimiento de soledad del que ya jamás podría desprenderse.

No falta quien describe a esta poeta como una persona mal dotada para la felicidad y escéptica respecto al amor. Su médico de cabecera, Maximino Teijeiro, llegó a llamarla «mi eterna enferma» y ella misma, en algunas de las cartas que fue enviando a su marido, relataba cómo las dolencias le hacían difícil mantener una actitud positiva. Se dice también que Murguía la alentó para que siguiera escribiendo y puso todo de su parte para que su publicara su primer poemario, ‘Cantares gallegos’. Este libro se convertiría en la primera gran obra de la literatura en gallego, una lengua que hasta ese momento se asociaba a las clases bajas, los campesinos, la ignorancia y el atraso. Rosalía lo cambió todo.

Rpsalía de Castro y Manuel Murguía con sus hijos,

Poco se sabe de su vida conyugal con Murguía, con quien tuvo siete hijos. Según explica Marina Mayoral, todo parece indicar que halló en él «uno de los pocos apoyos de los que disfrutó en su vida, que le consideraba como ‘la persona a quien más se quiere en el mundo’, que muchas veces no se sentía correspondida en la misma medida y que entonces o rabiaba o hacía ‘reflexiones harto filosóficas respecto a la realidad de los maridos y la inestabilidad de los sentimientos humanos’».

Ambos cambiaron a menudo de domicilio, pasaron periodos de separación por motivos profesionales y también sufrieron problemas económicos provocados por la inestabilidad laboral de Murguía y la pobre salud de Rosalía. Tras la Revolución de 1868, a él le destinaron al Archivo General de Simancas. En esa localidad, en la que nunca se sintió como en casa, fue donde ella escribió gran parte de ‘Follas novas’, una obra influida por lo que veía como un «encierro en el desierto de Castilla».

 
A partir de 1871 ya no volvería a abandonar Galicia. Pasó sus últimos años en la comarca de Padrón, y allí se le diagnosticaría en 1883 un cáncer de útero. Cuando publicó ‘En las orillas del Sar’ en 1883 ya se encontraba gravemente enferma y fallecería el 15 de julio de 1885. El abogado y político Augusto González Besada relata así sus últimos momentos:

«Recibió con fervor los Santos Sacramentos, recitando en voz baja sus predilectas oraciones. Encargó a sus hijos quemasen los trabajos literarios que, reunidos y ordenados por ella misma, dejaba sin publicar, dispuso se la enterrara en el cementerio de Adina, y pidiendo un ramo de pensamientos, la flor de su predilección, no bien se lo acercó a los labios sufrió un ahogo que fue el comienzo de su agonía. Delirante, y nublada la vista, dijo a su hija Alejandra: «Abre esa ventana, que quiero ver el mar», y cerrando sus ojos para siempre, expiró…».

 
Fue enterrada en el cementerio de Adina, en Iria Flavia, al que ella ya había hecho mención en uno de sus poemas y donde reposaban también sus abuelos y su padre. En 1891 su cuerpo fue exhumado y trasladado al convento de Santo Domingo de Bonaval en Santiago de Compostela, donde el escultor Jesús Landeira creó un mausoleo dentro del pabellón de gallegos ilustres.

Su obra no obtuvo el reconocimiento de sus contemporáneos durante su vida. Sólo años después, autores de la Generación del 98 como Azorín o Unamuno comenzaron a valorarla. Juan Ramón Jiménez, por su parte, la consideró «predecesora de la revolución poética iniciada por Rubén Darío». El libro ‘Cantares gallegos’ sí tuvo una gran repercusión en Galicia, donde muchos de sus versos acabaron por convertirse en patrimonio popular y contribuyeron a que Rosalía fuese considerada como una de los impulsores del Renacimiento, o ‘Rexurdimento’, de la poesía escrita en gallego.

Fuentes:
‘Galicia con Rosalía de Castro’ por Pepe Verdú (La Vanguardia)
Biografía de Rosalía de Castro por Marina Mayoral (Cervantes Virtual)

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