Single Blog Title

This is a single blog caption

Trece poemas bajo la sombra de la guerra

«Ninguna guerra es inevitable hasta que estalla», escribió en 1954 el historiador británico A. J. P. Taylor. En esta antología poetas y escritores como Arthur Rimbaud, César Vallejo, Miguel Hernández y Paul Celan reflejan la destrucción física y moral que dejan tras de sí los conflictos, en un ciclo que no deja de repetirse porque, como señala Wislawa Szymborska: «Aquellos que sabían / de qué iba la cosa / deben dejar su lugar / a los que poco saben. / Y menos que poco. / E incluso prácticamente nada».

Wislawa Szymborska.

EL FINAL Y EL PRINCIPIO
Wislawa Szymborska

Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

(Traducción de Abel A. Murcia)

Boris Vian.
Boris Vian.

BALADA DE LOS MERCADOS OSCUROS
Boris Vian

A ustedes, señores que sacan provecho de la guerra
A los mercachifles, a los villanos traficantes
A los fabricantes de pasteles de tierra
A los ladrones, los saqueadores, todos descarados ignorantes
Me gustaría ver en su cuello pesados grilletes
Teman que un día el pueblo les castigue
¡Vamos, finjan penas convincentes!
Y, rogando a Dios que la guerra termine
Rueguen a Satán que dure quinientos años.
Sucia truhana de muy malas maneras
Que sustituye por joyas brillantes
El bello espíritu de las damas de antes,
Conocerá de las picas lo punzante
Recúbralos, esos cuerpos pesados y chocantes
De lana fina y de suave pelliza
Imprégnelos de perfumes sofocantes
Pero rogando a Dios que la guerra termine
Ruegue a Satán que dure quinientos años.
Morid de hambre, madres e hijos nuestros,
Nadad en oro taberneros fabricantes
De matarratas a cinco luises el vaso
Caed, herid, lisiados claudicantes
Seguid cayendo, no hay ningún empleo vacante
Para el inocente al que el vicio disgusta
Y vosotros, robad, robad mientras os burláis
Pero, rogando a Dios que la guerra termine
Rogad a Satán que dure quinientos años.

(Traducción de Juan Antonio Tello)

Blas de Otero.

A LA INMENSA MAYORÍA
Blas de Otero

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad.  Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.

Miguel Hernández.

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO
Miguel Hernández

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y altos ojos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a retorzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
le acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejare a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

Sigfried Sassoon.

¿ACASO IMPORTA?
Sigfried Sassoon

¿Acaso importa perder las piernas?
La gente será siempre amable
y no tienes por qué mostrarte irritable
cuando los otros lleguen de cazar
para devorar sus huevos con tostadas.

¿Acaso importa perder la vista?
Hay trabajos espléndidos para los ciegos,
y la gente siempre será amable
mientras te sientas a recordar en la terraza
volviendo tu rostro hacia la luz.

¿Acaso importa soñar con las trincheras?
Puedes beber y olvidar y alegrarte
y ninguno dirá que estás loco
pues sabrán que has luchado por tu país
y nadie se preocupará gran cosa.

(Traducción de Ángel Salguero)

Imagen del poeta César Vallejo.
César Vallejo.

MASA
César Vallejo

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

Borys Humeniuk

EL COMANDANTE DE NUESTRA UNIDAD
Borys Humeniuk

El comandante de nuestra unidad es un tipo extraño
Cuando sale el sol sobre el campo de batalla
Dice que es alguien quemando un neumático en un ‘checkpoint’ a lo lejos
La luna para él es el cañón de una pistola
Y el mar es plomo fundido
¿Por qué es salado?
Porque está hecho de nuestras lágrimas sudor pis sangre
Fluye a través de nosotros.

Un tipo extraño, digo.
Pero hoy se ha superado
De buena mañana entró en nuestra tienda y dijo
¡Se acabó! ¡Hoy ya no habrá más guerra!
Eso es lo que anunciaron en la tele:
La guerra se termina durante tres días.

Aquí en el frente hemos aprendido
que existen dos clases de personas: la gente y la gente de la tele
No nos gusta la gente de la tele
Nos parecen farsantes, son malos actores
De hecho, ni siquiera tenemos tele
Y si la tuviéramos, sólo veríamos los dibujos (más verídicos)
O ‘En el mundo de los animales’ (más interesante)

Estábamos preparando las armas y la munición
Cuando nuestro peculiar comandante
Nos sorprendió con la noticia.

El cinturón de la ametralladora se quedó helado
en manos del artillero Vasyl de Krémenets
Y de su reponedor Shashko de Boyarka
Luego se erizó como el lomo de una bestia prehistórica
Las granadas que asomaban por el bolsillo
Del granadero Max de Luhansk
Se escondieron de nuevo como gatitos asustados.

¿Has intentado alguna vez detener un tren de alta velocidad
colocando un céntimo en las vías?
¿Le has dicho al sol alguna vez, espera, no te muevas
que tengo muchas cosas que hacer hoy?
¿Has rogado alguna vez a una mujer de parto:
Estamos atrapados por la nieve, la comadrona no va a llegar.
Aguantas otros tres días?

El niño ha de nacer
El tren ha de alcanzar su destino
El sol ha de seguir moviéndose como un neumático en llamas
Y cuando desaparezca la luna ocupará su lugar
Como el cañón de una pistola
Y la noche caerá como ceniza.

En el primer día sin guerra
Perdimos a nuestro reponedor de la ametralladora
Sashko de Boyarka
Y al granadero Max de Luhansk
Las balas llegaron desde el otro lado de la guerra
Como furiosos avispones
Alcanzaron a Sashko en el cuello
Y a Max en el corazón
Quizá el otro bando no tenga un comandante de unidad tan peculiar
Que comunique extrañas noticias
Quizá vean un canal de tele diferente
Quizá su tele esté estropeada.

(Traducción de Ángel Salguero a partir de una versión en inglés)

Ilya Kaminski.

VIVIMOS FELICES DURANTE LA GUERRA
Ilya Kaminski

Y cuando bombardearon las casas de otros, nosotros

protestamos
pero no lo suficiente, les hicimos frente pero no

lo suficiente. Yo estaba
en mi cama, alrededor de mi cama América

se derrumbaba: casa invisible tras casa invisible tras casa invisible.

Saqué fuera una silla y contemplé el sol.

Al sexto mes
de un desastroso reinado en la casa del dinero

en la calle del dinero en la ciudad del dinero en el país del dinero
nuestro gran país del dinero, nosotros (que nos perdonen)

vivimos felices durante la guerra.

(Traducción de Ángel Salguero)

Paul Celan.

FUGA DE MUERTE
Paul Celan

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita

(Traducción de José Ángel Valente)

Rafael Alberti.

GUERRA A LA GUERRA POR LA GUERRA
Rafael Alberti

Guerra a la guerra por la guerra. Vente.
Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.
Contra una mina una sirena choca
Y un arcángel se hunde, indiferente.

Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.
Cierra los ojos. Es el monte. Toca.
Saltan las cumbres salpicando roca
Y un arcángel se hunde, indiferente.

¿Dinamita a la luna también? Vamos.
Muerte a la muerte por la muerte: guerra.
En verdad, piensa el toro, el mundo es bello.

Encendidos están, amor, los ramos.
Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra
Los ojos y desátate el cabello.

Gloria Fuertes.

VENDRÍA LA PAZ
Gloria Fuertes

Si todos los políticos
se hicieran pacifistas
vendría la paz.
Que no vuelva a haber otra guerra,
pero si la hubiera,
¡Que todos los soldados
se declaren en huelga!
La libertad no es tener un buen amo,
sino no tener ninguno.
Mi partido es la Paz.
Yo soy su líder.
No pido votos,
pido botas para los descalzos
—que todavía hay muchos—.

Marwan Makhoul.

PARA ESCRIBIR POEMAS…
Marwan Makhoul

Para escribir poemas
que no sean políticos
necesito escuchar a los pájaros
y para escuchar a los pájaros
los aviones de guerra deben callarse.

(Traducción de Ángel Salguero a partir de una versión en inglés)

Ilustración principal: «We Are Making a New World» (Estamos construyendo un nuevo mundo). Paul Nash, 1918.

Cargando visitas...