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Una nueva traducción de ‘La Tierra Baldía’ recupera la ‘música’ de T. S. Eliot

Cuando el poeta T. S. Eliot publicó en 1922 La Tierra Baldía su vida personal atravesaba un momento de zozobra. Afectado por una crisis nerviosa, había abandonado temporalmente Londres y su trabajo en el banco Lloyd’s para buscar un retiro tranquilo junto al mar en la ciudad de Margate. Fue allí donde comenzó a escribir una de las obras que marcarían el rumbo de la poesía moderna.

Ahora, casi cien años después, La Tierra Baldía ha renacido en castellano con una nueva traducción del escritor Sanz Irles, publicada por la editorial valenciana Olé Libros. Esta versión, asegura su autor, intenta recuperar para el lector español “la sonoridad y la musicalidad” de la obra de Eliot. Un aspecto, añade, “que se ha olvidado. Abominamos de la rima desde que llegó el verso libre arrasándolo todo como un Atila despiadado, pero las rimas, chispeantes e incluso irónicas, son aquí esenciales para romper en parte el tono del poema”.

El poeta T. S. Eliot.

Para Sanz Irles, este poema marca un antes y un después en la literatura moderna: “Su importancia radica en la apertura de un camino casi desconocido, con un nivel de virtuosismo y de intensidad poética nunca antes vistos. Más allá de todas las interpretaciones que ven en sus versos un canto del cisne al final de la cultura occidental, no deja de ser altísima poesía que pone al lector ante una forma y una materia poética muy poco tratadas antes”, explica.

Además, añade, “en ocasiones parece una novela por su polifonía: Saltas en el tiempo, y del presente te vas a las Guerras Púnicas, o comienzas en Londres y de ahí pasas a Múnich, y luego al Ganges. Y lo que amalgama toda esa fragmentación es justo lo que creo que se ha desatendido de manera miserable en nuestro idioma: la musicalidad, el ritmo, la métrica y la sonoridad”.

El escritor Sanz Irles, autor de la nueva traducción de ‘La Tierra Baldía’

Precisamente, una de las dificultades del texto es la cantidad de referencias y citas ocultas de textos antiguos y modernos, a veces en tono de parodia. Aun así, Sanz Irles no cree que el lector necesite estar familiarizado con ese entramado de intertextualidad para introducirse en La Tierra Baldía: “No hace falta saber si esto es una alusión a Chaucer o aquello es una cita de Tennyson o San Agustín. Cualquiera que haya leído antes poesía puede disfrutar igual haciendo caso omiso a todas esas referencias. Uno se puede estremecer con este poema si lo lee con la honradez de saberse ante una obra maestra, aunque al principio no sepas muy bien por qué. Lo que hay que tener es sensibilidad estética y un poquito de entrenamiento”.

Según su traductor, un lector del siglo XXI encontrará en los versos de Eliot “la mirada sobrecogida de un hombre ante la marcha del mundo y la crueldad que se puede ver a lo largo de la historia, así como el desdén de la gente por su propio pasado y su cultura. Son cosas que aún resuenan hoy en día”. Y quien los descubra por primera vez encontrará “una poesía rompedora que mezcla la cultura y el horror y una voz muy poética, pero nada lírica. Lo que hay es una despersonalización absoluta”.

Primera edición de ‘La Tierra Baldía’ en 1922.

En un principio la intención de Sanz Irles había sido traducir sólo unas estrofas de La Tierra Baldía para utilizarlas en una conferencia sobre Eliot, “pero la cosa se fue alargando y al final acabé traduciéndola entera”, asegura. Lo que se convirtió en una odisea fue la lucha para poder editar el libro: “La aventura para conseguir que los herederos soltaran los derechos ha sido una pelea de dos años. Primero con la editorial de Londres, después con sus representantes en España y finalmente con los propios herederos que tenían que dar el visto bueno”, afirma.

La traducción en sí, reconoce, fue “laboriosa”, un proceso de dos años en el que se ha esforzado por acceder a todas las fuentes citadas por Eliot. “Quería ver hasta qué punto el propio poeta había intervenido en estas citas, si eran o no literales, y de qué manera eso había incidido en la construcción del poema”. Lo más difícil, señala, ha sido “encontrar el modo de verter al español la musicalidad, esa voluntad de ritmo y métrica tan evidentes y que casi siempre ha sido desdeñada”.

Y respecto al famoso verso inicial, Sanz Irles cree haber hallado una forma nueva de expresarlo, más cercana a las intenciones del autor. “Cuando arranca con April is the cruelest month, breeding / Lilacs out of the dead land…, siempre todo el mundo ha traducido ese breeding por crea, nutre o alimenta, pero yo he elegido preña porque creo que respeta mucho más el tono enérgico y violento del original: Abril es el mes más cruel, preña / de lilas los campos muertos…”.

Porque, aunque Robert Frost dijo aquello de que “poesía es lo que se pierde en la traducción”, Sanz Irles está convencido de que “en lo esencial, con un buen trabajo” un poema puede respirar en otro idioma. “Lo de Frost es una boutade, un aviso a navegantes. Creo que lo está diciendo al traductor es: Ojo, sé cuidadoso, sé disciplinado, sé exquisito”.

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