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Dando nueva vida a un barrio con poesía

Versillos a la Mar pretende convertir el Cabanyal de Valencia en uno de los ejes poéticos de la ciudad con sus eventos mensuales de poesía en vivo

ÁNGEL SALGUERO
El escritor uruguayo Mario Benedetti soñaba en uno de sus poemas con lanzar una botella al mar en la que pondría «mis versos en desorden / en la espera confiada de que un día / llegue a una playa cándida y salobre». Y un proyecto que nace ahora al borde del Mediterráneo, en el barrio del Cabanyal de Valencia, pretende también arrojar otra botella a sus aguas y dejar un rastro de versos que atraigan a un público cada vez más receptivo con la poesía a sus veladas mensuales.

cartel versillos a la mar
Se trata de Versillos a la mar, una iniciativa que Sara Olivas —su organizadora— califica «en principio de encuentro poético, aunque luego ya veremos si incluimos música u otro tipo de performances». Tiene lugar los últimos miércoles de cada mes, a las siete y media de la tarde, en el bar Work in Progress, frente al Mercado del Cabanyal, y el 31 de enero celebrará su tercera edición.

La idea, explica Sara, «surgió por una crisis creativa mía. Cuando estoy en crisis, las ideas vuelan. Yo no soy poeta, pero sí recito y escribo poesía y me faltaba en el Cabanyal un espacio fijo en el que me sintiera cómoda para recitar. Siempre me he tenido que desplazar al Kaf Café en Benimaclet, al Volander o a otros sitios, y necesitaba ese espacio en el barrio en el que se recogieran todos los poetas que hay allí, porque el Cabanyal está en plena ebullición».

El proyecto nace además como antídoto contra un futuro que se presentaba incierto: «Yo soy periodista y gestora cultural. Al acabar el máster necesitaba hacer cosas y como no encontraba trabajo pensé en emprender en algo en lo que confío y sé que me gusta». Y todo, añade Sara, queda en familia: «Trabajo con mi hermana. Yo soy la que lleva las redes sociales y contacto con poetas para gestionarlo todo. Mi hermana es la diseñadora gráfica y se encarga de hacer todos los carteles y el merchandising».

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La primera velada, celebrada en noviembre pasado, fue un éxito inesperado. «La verdad, yo no me esperaba tanta afluencia de público», asegura Sara. «El recibimiento fue bonito también porque quise apostar sobre seguro. Conocía a varios poetas y por eso pensé en hacer un cartel fijo e ir sumando a partir de ahí. Llevamos seis poetas en cartel y luego dejamos micro abierto, por si alguien quería participar. En esa primera edición el micro estuvo un poco más vergonzoso, pero fue bastante bien». Tanto que los responsables del local se ofrecieron para acoger un encuentro cada semana, «pero es imposible —señala Sara— porque no me da la vida».

Encontrar poetas para cada entrega de Versillos a la mar le resulta, dice, «sencillo, porque conozco a mucha gente, pero lo complicado es que ellos puedan ajustarse a esa fecha, porque está como muy fijada. La segunda edición —que nosotras llamamos ‘Traversías’— fue sólo micro abierto porque me fui de viaje y no tuve mucho tiempo para organizarla. Pasé un poco de miedo pensando que no se apuntaría nadie… y cuando llegó el momento tuve un micro abierto de quince personas. Y luego más gente se apuntó para salir después».

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Acaban de unirse estos días a Alzavoz, un nuevo circuito de poesía en vivo de la ciudad de Valencia que incluye, entre otros, a Vociferio, Versonalidad, Moviendopoesía o Poetas del montón, y que busca fomentar la colaboración entre los distintos eventos. «Así, si viene un poeta a mi festival y coincide en esa semana, puede acudir a otro para promocionarlo. Y es una ayuda para encontrar patrocinios, porque este mundo es bastante complejo y llega un momento en que estas conversaciones las he tenido miles de veces: Que porque trabajo en cultura, parece que no tengo que cobrar por ello. Pero no todo es gratis, hay un trabajo detrás», explica. Otra de las formas con las que buscan ingresos adicionales es a través del merchandising, con bolsas, camisetas y libretas de cuyo diseño también se encarga su hermana.

A pesar del éxito inicial, de momento Sara no se ve expandiendo Versillos a la Mar más allá del Cabanyal. «Eso sí, me gustaría ir rotando lugares, hacer un circuito de bares por el barrio. Han abierto algunos nuevos, entre ellos el del Teatro El Musical, y allí tendría una visibilidad tremenda. A fin de cuentas, se llama Versillos a la Mar por algo, porque estamos al borde del mar», concluye con una sonrisa.

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