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Versos que suenan a música

El dúo Versonautas funde poemas y atmósferas musicales en una simbiosis única que tiene algo de mágico. Su próxima cita con el público será el 20 de abril en el Jardín Botánico de Valencia

ÁNGEL SALGUERO
Roqui Albero y Ana Sanahuja están sentados uno junto al otro en el escenario. Él se lleva la trompeta a los labios y la hace sonar, al principio, como un susurro que va ganando volumen, reflejado y proyectado por un eco que multiplica su sonoridad. Las manos de ella se deslizan sobre el teclado, dibujando una tela electrónica que acaba por envolver al otro instrumento. El diálogo entre ambos se convierte en un intercambio frenético que sólo cesa cuando los dos deciden caminar juntos y abrazar su recién hallada armonía. Creada la atmósfera, llega el momento de invocar, a dos voces, los versos de Alejandra Pizarnik: «Ella se desnuda en el paraíso / de su memoria / ella desconoce el feroz destino / de sus visiones / ella tiene miedo de no saber nombrar / lo que no existe».

Este es sólo un ejemplo de cómo Versonautas ejercen su magia. Un equilibrio entre la poesía y la música, ambos partes iguales de un espectáculo que apela a los sentidos. En cierto modo, se trata de un regreso a los orígenes del género poético, que comenzó siendo ante todo un arte oral que combinaba versos y melodías. «Lo que hacemos», explica Ana Sanahuja, «es, desde la música, reclamar a la poesía. Normalmente siempre ha sido al revés: la poesía requiere a la música como acompañamiento. Nosotros, que somos músicos, reclamamos a la poesía para nuestras composiciones».

 
Esta fórmula, como suele suceder, nació de la casualidad. «Roqui recitaba bastante porque su padre, Marià Albero, que era un cantautor valenciano, solía hacerlo también», asegura Sanahuja. «Y al conocernos, cuando quedábamos en casa, yo le acompañaba a veces al piano». La oportunidad de poner a prueba este nuevo proyecto surgió gracias a Russafa Escénica: «Hicimos allí un concierto callejero con algunos de los temas que habían ido saliendo, actuando un poco de pregoneros del festival, y nos vio un chico que nos dijo que la Mostra Viva buscaba grupos. Entramos allí, más gente se mostró interesada… y desde entonces llevamos más de noventa conciertos».

Por el camino han quedado experimentos como ‘El banquete de las palabras’, un maridaje entre música, versos y gastronomía realizado en colaboración con el restaurante La Sucursal del IVAM. Porque Versonautas quieren centrarse en lo que de verdad les «emociona»: «Como a los propios poetas, nos interesa más el amor y la muerte», bromea Sanahuja. «Por eso acudimos a textos de Alejandra Pizarnik, Jaime Gil de Biedma, Idea Vilariño o Luis Cernuda. Y también de Manuel García Grau, que era un poeta de Benicarló, premio Ausiàs March, y que fue profesor mío de instituto. Nosotros no somos poetas, pero creamos un texto sobre el sentido del tacto y acabamos incluyéndolo igualmente en el espectáculo».

 
La creación de los temas es un proceso de descubrimiento, fruto en muchas ocasiones de la propia curiosidad. «En el caso de Rumi, el poeta sufí, encontramos su nombre un día en una entrevista sobre sufismo. Nos compramos un libro, ‘Perlas sufíes’, que tenía textos suyos traducidos y comenzamos a seleccionar los que nos gustaban», afirma Sanahuja. «Sobre todo le tienen que gustar a Roqui, porque es quien recita, pero a mí también. Porque, aunque al principio él se encargaba en solitario de recitar y yo le acompañaba, ahora Versonautas se ha convertido en un proyecto en el que yo hago coros de poesía y existe una simbiosis más orgánica de trompeta, teclado, reclamos de pájaros, gongs, electrónica…». Funcionar como un dúo, añade, les ayuda a alejarse del «típico recital de pianista acompañando a rapsoda».

Los textos se tratan con respeto, aunque a veces las palabras se «deconstruyen» para ajustarse al flujo de sonidos. No es necesario, señala Sanahuja, que aparezcan los poemas en su integridad. «Antes sí que era así, pero ahora jugamos más según lo que nos inspira cada palabra en concreto». Lo imprescindible es que los versos tengan «mucha fuerza». Por ejemplo, recuerda, «hay un texto de Idea Vilariño que hacíamos antes que se titula ‘La lluvia’. Roqui había estado ocho años de gira con Jorge Drexler por toda Sudamérica y España y vino con un libro de Idea Vilariño que había encontrado en una librería del centro de Montevideo. Me leyó el poema de ‘La lluvia’ y casi me puse a llorar porque me emocionó mucho. Y dije: ‘Vamos a montarlo’».

Versonautas

Ana Sanahuja y Roqui Albero durante su actuación de 2017 en el Spanish Brass de Alzira (Imagen de Ángel Tejo).


Una vez elegidos los poemas, hay atmósferas que surgen «un poco de la nada. Roqui recita, yo le acompaño y hago algo libre que luego se convierte en otra cosa más estable, en tema. En otros casos es más una cuestión de ponerte a escribir y pensar en los arreglos y las instrumentaciones. Trabajamos de las dos maneras. El poema de Pizarnik, por ejemplo, surgió de una improvisación y, aunque luego se fijó, hay partes que siguen siendo libres».

De cara a su próxima cita ante el público, el 20 de abril en el Jardín Botánico de Valencia, los dos Versonautas se van a ‘encerrar’ para crear nuevas atmósferas en las que la electrónica va tener un papel cada vez mayor. «La hemos incorporado», apunta Sanahuja, «tanto en el teclado como en la trompeta, y próximamente en la voz». Un día después participarán también en las celebraciones del Día del Libro en Benidorm y, ya en junio, en el festival Vociferio. Además, durante el mes de mayo realizarán sesiones educativas en institutos de Castellón.

 
Ambos, asegura Ana Sanahuja, se sienten igual de cómodos en grandes auditorios y en ambientes más íntimos. «La intimidad es muy bonita, porque los textos tienen que llegar», explica. «Nosotros hemos tocado en otro tipo de grupos musicales en los que si la gente está hablando no pasa nada, lo asumes. Pero en el caso de Versonautas, al principio del todo pensábamos que si nos llamaban de locales tipo brasserie siempre teníamos que decir que no. Hicimos un concierto en el Spanish Brass de Alzira el año pasado, en un claustro muy bonito. Había como 300 personas y se creó ese silencio maravilloso. El escenario era grande, la gente estaba atenta… y eso nos encanta también».

Y es que la poesía, como ellos mismos han podido comprobar, mueve estos días a mucha más gente. «Hace cuatro años, cuando empezábamos», recuerda Sanahuja, «solíamos decir que la poesía era más marginal que el jazz, que era lo que nosotros tocábamos entonces. Ahora hay festivales de poesía que empezaron muy tímidamente y ya son referentes, y más proyectos». Y Versonautas también mira al futuro: «Hay un disco en mente que sería para 2019. Estamos preparando el caldo de cultivo, que consiste en parte en tener ese espacio mental de calma, pero a la hora de crear ya tenemos en cuenta que nos meteremos a grabar ese material».

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