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Talleres Islados:
Quien lo probó, repite

MAR GÓMIZ
Cuenta la leyenda que un poeta llamado Bilhana llegó una vez a la corte de la India medieval para educar a la única hija del rey. Entre ellos surgió una apasionada y secreta relación amorosa que acabó por ser descubierta. El poeta fue detenido, juzgado y condenado a morir en lo alto de una escalera que situaron delante de la ventana de la princesa. Al ascender Bilhana fue deteniéndose en cada uno de los cincuenta peldaños recitando versos que rememoraban la reciente pasión de los amantes. Cuando alcanzó el último, el rey, impresionado por la belleza de su poesía y por la honradez de su sentimiento, le perdonó la vida y le autorizó a casarse con su hija.

De esta historia nació una colección de poemas, algunos de los cuales sonaron este verano durante el taller islado titulado ‘La gracia de la poesía’ que los poetas Juanvi Piqueras y Jesús Aguado impartieron a finales de julio en Menorca. Este es uno de ellos:

Aún hoy la recuerdo
despertando,
descubriendo y ocultando
las marcas de los arañazos
que, embriagado al beber
el licor de su boca,
yo mismo le hice
en el círculo de sus pechos.
Y recuerdo
cómo le estalló la piel
erizada por todo el cuerpo.

Siguiendo el esquema de estos versos, que se inician con la palabra en sánscrito Adyapi (Aún hoy), resumo a continuación lo que fueron cuatro días de inmersión poética en Binissaida:

Aún resuenan.

Aún hoy resuenan los gallos, las risas y los versos en la sombra de los acebuches.

El “¿Cómo estás?”. Y la habitación vacía.

Aún se pasean de la mano Tonino y Sarajlic bajo la atenta mirada de Baldini.

Se asoman los 130 de Pessoa. Los alejandrinos que siguen brotando, ¡que siguen brotando! Blandiana ve a lo lejos otra iglesia que se acerca con Babieca y Rocinante al fondo.

Abu Madi sigue preguntándole al mar y llega la Y copulativa para despedir el postismo y las rimas aparentemente facilonas.

Aún resuenan y resuenan y resuenan y siguen doliendo las abejas de Gloria.
Se alejan los hombres necios de Sor Juana con los adjetivos que huyen despavoridos tras la vedette.

La berenjena y el jengibre, y también la alcachofa, se cuelan en la estadística de Szymborska mientras Manuel lee como si le persiguiera un lobo.

Ory nos abre la puerta de la infancia y aflora esa niña entre las rocas del rio, entre las rocas del rio que amortigua los ronquidos de Fredi, el nacido sin faltas de ortografía.
¡Cuidado con los adjetivos, con el conde de Negroni y con esos verbos que molestan!

Aún hoy resuena la imaginación de Estrada y sus mil pajarillos. Las coplas de Escudero que quieren sonar. Esa uña de Jorge Llopis está fumando con el pulpo de Mulder. El collar de la paloma se enreda con el de las frambuesas y las casidas corren detrás de gacelas en el diván.

Bilhana desciende feliz por las escaleras mientras seguimos buscando los poemas de su amada.

Aún todavía Abiserica sigue sin ser descubierta.

El chocolate y la sal se refugian en el cucol del agua del mar.
La niña se disuelve en la niña del caballo y el broche sigue susurrando: ¡Tú, a lo tuyo!

Impajaritables y amaguces se baten con yakinmiña… ¡Qué rica y bonita es la lengua!

Al fruto a punto de abrirse le gusta tener un nombre: Valdido. El enigma de la deseosa se bate el cobre con la soleá y la seguidilla.

Aún resuena el grito de Castellanos y la risa de Hickey en la playa y en el mar tormenta. Aún hoy el enamorado juega al escondite con la muerte mientras Marilyn lo sabe todo.

Y no resuena el romañolo por no haberse escuchado.

Por cierto, ¿alguien recuerda el número de tarjeta de Bonilla?

Binissaida es un lugar mágico en Es Castell donde durante siglos han vivido y han trabajado la tierra.

Para mí, en cuanto llegué, se convirtió en un lugar donde escuchar una y otra vez el poema de ‘L’Allapassa’ de Maria Antònia Salvà, considerada la primera poeta moderna en lengua catalana, mientras contemplaba el paisaje desde su terraza.

El trayecto de llegada transcurre por caminos de muros de piedra con grandes huecos donde se diría que uno se puede colar a otros mundos, como este al que acabo de llegar.

Amanecer desde el balcón de Binissaida de Davant.

A este lugar vine atraída por la gracia de la poesía pero sobre todo porque quería saber cómo son estos talleres que sólo conocía de oído. Quería averiguar qué sucede cuando un grupo de gente se reúne en torno a algo creativo, qué persigue quien llega aquí para pasar unos días.

Y me encontré con Anita, a quien le hizo gracia el título; con Celia que viene a experimentar y repite por tercera vez; con Eugenia, que confiesa que siempre se ha acercado a la poesía como quien se acerca al pecho de una madre. A Carme le gusta la relación entre poesía y filosofía. A Birgit, la naturaleza, las flores, los pájaros. Maribel, sin ninguna expectativa, venía a disfrutar. Manuel, que se debate entre la poesía y la escultura. María buscaba motivarse para escribir. Virginia vino a escuchar y a recibir estímulos. Berta estuvo el año pasado y le duró el subidón hasta después de la Navidad, así que viene de nuevo dispuesta a otra “experiencia trascendental y metafísica”. Judith es gran lectora de poesía. Antonio descubrió de niño que si a este mundo difícil le ponía palabras le iba mejor así que vino a hacer ejercicios, “a hacer músculo”. Leyla es poeta aficionada y repite taller, y a Mariona le gusta ver el mundo con ojos de escritora.

Unos escriben y otros no. O, mejor dicho, aún no, porque lo cierto es que en este lugar te pones a escribir por contagio y fue una gran sorpresa descubrir que dentro de cada uno de nosotros latía un poeta dispuesto a tomar la palabra. Me encantaba todo lo que iba escuchando, los poetas y los poemas que habían seleccionado para la ocasión Piqueras y Aguado pero también los que fueron brotando bajo los falsos olivos.

Volví a comprobar aquello que van descubriendo los investigadores y que dije en la charla TEDx ‘Más poesía y menos Platón’: Nuestro cerebro está programado para reconocer la poesía, parece estar incorporada, es como una intuición profunda. Todo ser humano es un poeta inconsciente. Todos somos poetas aunque no seamos conscientes de ello.

Sólo hace falta alimentarlo para que aflore.

Pero antes de sumergirnos en esos días os pongo en contexto:

Los Talleres islados nacieron en Menorca en septiembre de 2010. Son cursos de tres o cuatro días por los que ya han pasado más de 1.100 personas. Siguen realizándose en Menorca y también en Vidrà (Girona). Mariona y Josep son los promotores de esta iniciativa que, a lo largo de estos años, ha ofrecido más de ochenta talleres impartidos por grandes autores del mundo del arte, la literatura, la historia y el pensamiento.

No sé en los anteriores, pero os puedo asegurar que en este surgió la magia: Aprender, saborear, crecer, compartir, reír, comer, dormir (poco)…

El jueves, después de una comida junto al mar, llegamos a Binissaida con muchas ganas así que, abrazados por la valla de piedra y en círculo bajo los árboles, con el trino de los pájaros, el canto del gallo y el sol colándose entre las ramas (komorebi, supe después) comenzaron los poetas a llenar nuestros cuencos.

Jesús Aguado (izqda.) y Juanvi Piqueras.

Piqueras y Aguado son repetidores. Hace cuatro años conocieron este lugar y desde entonces no se lo pierden. De hecho, este ha sido su quinto taller. Comparten el tener mucho sentido del humor y del amor. Son divertidos y generosos a partes iguales, cada uno a su manera.

“Escribo para descubrir quién soy” dice Jesús Aguado, para quien cada libro de poemas es un plan de fuga “de las distintas cárceles que el mundo se inventa para ti”. De él dice Juanvi que es la persona que más se entrega, “lo da todo para la escritura ajena”. Y eso da sus frutos porque son treinta los libros publicados por sus alumnos en ocho años.

Juan Vicente Piqueras recita

“Mi patria es la escritura, mi patria es mi lengua, mi cuaderno”, exclama Juanvi Piqueras, el poeta que ha vivido en Francia, Italia, Grecia, Argelia y Jordania. “Mi vida es una variante humilde de ese Ulises que sale de casa”.

Piqueras escribe cada día lo que sea, lo que le va pasando, “Nulla dies sine línea. Mantén la mano viva”, exclama. Aguado —que no se considera poeta de profesión— confiesa que se puede pasar meses sin escribir y no pasa nada. “Sólo me pongo a escribir cuando la poesía me obliga”. De Aguado dice María, una de sus alumnas que participa en este taller, que le gusta “la lectura irrespetuosa de los clásicos, la entrega en su enseñanza y el respeto con el que escucha a todos”.

Se le nota a Piqueras su pasión por Italia, por su arte, su lengua y su cine cuando nos presenta a Tonino Guerra, a quien llegó a conocer e incluso hacerse su amigo y que, además de poeta, fue guionista en películas de Fellini, los hermanos Taviani, Tarkovski y muchos otros.

“Tonino a través de la poesía cuenta cosas como decía Machado: Canto y cuento es la poesía”.

La manera de amar el texto que le gusta es traduciéndolo, nos confiesa Piqueras. “Soy experto en idiomas que no conozco”. Él es partidario de las traducciones a cuatro o a seis manos con alguien que conoce la lengua de salida y luego ir dándole forma.

Raffaello Baldini, del mismo pueblo que Tonino, es otro de los autores que Piqueras está traduciendo del dialecto romañolo “a cuatro manos” para que podamos leerle muy pronto.

Poesía que parte de lo coloquial para, con sorprendente sentido del humor, subir a lo más alto y llegar a lo más profundo.

Y vamos sumergiéndonos también en el mundo de Izet Sarajlic, de Ana Blandiana, de Machado, Sor Juana Inés de la Cruz, Calderón, Pessoa, Alicia Gimenez Bartlett

Con Carlos Edmundo de Ory, que lleva todo su espíritu lúdico a la poesía como un soplo de agua fresca, supimos que la vida es una ‘y’ griega.

Los maestros de Aguado llegaron la tarde del viernes.

Jesús Aguado recita versos de Gloria Fuertes

Fue discípulo de Zambrano —a quien dedicó un taller el pasado mes de abril— y también de Rafael Pérez Estrada, “la persona más imaginativa que he conocido nunca para inventar el mundo y mejorarlo. Capaz de conseguir que todo el mundo se quisiera”.

Entre trinos, alguna brisa y el cantar del gallo se suceden los poemas, los versos y las tareas para nosotros. ¡Me encanta! Y aparecen también Óscar Hahn, Jorge Llopis, las anáforas, los credos, los periódicos como material poético, las enumeraciones, el ‘no’ de Israel Padilla y la literatura epigramática de Ernesto Cardenal. Oliveiro de Girondo, Juan Bonilla y sus claves, Esteban Peicovich, poeta de guardia revivido de nuevo, versos sueltos de Gloria Fuertes para trabajar e Isabel Escudero. Con Ory volvemos a la niñez y con José Luis Peixoto nos ponemos tiernos, o no.

En estos talleres no se para: se empieza de buena mañana, después de un baño en el mar, que está a unos diez minutos por una senda curiosa.

Foto de Virginia Hernani

Tras un buen desayuno, Piqueras se arranca por seguidillas y coplas y con Aguado buscamos palabras que no existen para nombrar lo innominado. Uno nos lleva a la India, el otro a la Córdoba de Almanzor.

Aguado a través de Bilhana y sus poemas del amor furtivo (no lo busquéis porque la edición de Hiperión está descatalogada) y con el collar de frambuesas, la colección de fragmentos eróticos creada por él a partir de poemas, cuentos, aforismos que abordan, con gran riqueza de imágenes y de reflexiones, cualquier situación posible que puedan inventar unos amantes:

Cuentan las marcas que los dientes
han dejado sobre la piel
como las joyas de un tesoro.

Por la noche con las mejillas encendidas de placer
le pide que le haga un millón de cosas.
Por la mañana sin embargo se viste detrás de un biombo de bambú.

Quitándose el collar de perlas
se colgó otros de frambuesas.
Él inclinado sobre ellas las encontró deliciosas.

Los collares y las frambuesas dan paso a las palomas.
In Hassam, El collar de la paloma, es una colección de poesía en árabe (diván) escrita por Ibn Hazm hace mil años que con gran sensibilidad muestra el ideal romántico de la época.

Las nubes han tomado lecciones de mis ojos
y todo lo anegan en lluvia pertinaz,
que esta noche, por tu culpa, llora conmigo
y viene a distraerme en mi insomnio.
Si las tinieblas no hubiesen de acabar
hasta que se cerraran mis párpados en el sueño,
no habría manera de llegar a ver el día,
y el desvelo aumentaría por instantes.
Los luceros, cuyo fulgor ocultan las nubes
a la mirada de los ojos humanos,
son como ese amor tuyo que encubro, delicia mía,
y que tampoco es visible más que en hipótesis.

(Traducción de Emilio García Gómez)

El canto de los gallos en Binissaida

Con los árabes brotan las palabras y su significado compitiendo con el canto de los pájaros. Así que después de comer ricas berenjenas y aceitunas descubrimos que ‘palabra’ viene de ‘parábola’ y ‘hablar’ de ‘fabular’…

“Al final, un poema es un baile donde las palabras se sacan a bailar”, afirma Piqueras.

“Si algo nos viene de la España árabe en bandadas son palabras. Vivimos sin darnos cuenta nombrando el mundo a la manera árabe”.

Lo cierto es que vivimos ajenos a tantas cosas.

Decía Borges que como profesor uno sólo puede enseñar el amor hacia algo, el amor a ciertos libros, páginas, versos. Que lo importante es buscar amigos para los estudiantes.
Pues eso es precisamente lo que han conseguido Aguado y Piqueras.

“¿Qué hay en una habitación vacía?”, nos preguntaba Piqueras al comenzar el taller, recordando a Carlos Edmundo de Ory, a quien tanto le gustaba jugar.

“¿Qué hay en estos talleres además de mucha poesía?”, me preguntaba yo al llegar.

Pues hay risas, versos muy locos, un gazpacho de melón delicioso, golondrinas que ajenas se ocupan de sus nidos entre las cortinas, gallos que cantan a todas horas, agua fresca, bolitas de coco, el aroma de la flor de la mimosa, corazones inmensos, el amanecer desde tu ventana, una piscina donde te acribillan los mosquitos al atardecer, generosidad a raudales, agradecimiento infinito por todos esos amigos que, como decía Borges, nos acaban de presentar.

Y una tortuga que nos muestra el camino tranquilo que recorrer junto a ellos.

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