Así logramos que tus alumnos disfruten con la poesía en clase
¿Por qué debe tener la poesía un lugar en las clases de Primaria y Secundaria? En este blog hemos intentado ofrecer distintas respuestas a esa pregunta, pero el argumento fundamental es que la poesía es la llave que abre todas las posibilidades del lenguaje para los más jóvenes. No sólo eso, también les ayuda a ver el mundo que les rodea de una manera diferente, les acerca a experiencias y puntos de vista lejanos a los suyos y les invita a ser curiosos, inquisitivos y críticos.
Por ello en los talleres de Poética 2.0 despejamos esa supuesta ‘oscuridad’ de la poesía leyendo y viendo poemas en clase, desmitificándolos e incitando a los alumnos a jugar con los versos, haciéndolos suyos. Hay tantas formas de leer un poema como lectores hay de poesía y todas son válidas. Los versos se pueden romper y volver a recomponer, recitar, dibujar retorcer o ‘remezclar’. Cualquier método es válido para enseñarles a mantener una mente abierta y perder el miedo a no entender. Es necesario que vean los poemas no son acertijos sino, más bien, cartas de navegación. El profesor debe mostrarles cómo orientarse con ellas y cómo incorporar su experiencia vital a la lectura para ‘completar’ el texto.

“Una de las funciones indelegables de la Escuela es hacer posible que quienes pasan por ella lean poesía, la incorporen a su vida”, señala la poeta argentina Isabel Vassallo en un reportaje del digital Infobae. “Está claro que el lenguaje de la poesía es un lenguaje nuevo, disruptivo, inquietante… que no va a hallarse en el lenguaje de la comunicación utilitaria», añade Vassallo.
Y los más jóvenes, casi de una manera innata, poseen ya los mecanismos necesarios para poder reconocer ese lenguaje e incorporarlo como una faceta más de su creatividad. Nos lo demostraron unos alumnos de Primero de ESO cuando les planteamos un reto, el de escribir un poema colectivo, inspirado en unos versos de Gloria Fuertes. Este fue el resultado:
Un caballo desbocado,
un universo paralelo,
una piscina con un pez dentro,
un pueblo lleno de nieve de invierno,
sangre dorada, que da vida, rodeando a las hormigas,
el búho con sus amigas volando por la bóveda de estrellas,
un escenario de música,
una caja llena de gatitos y chuches,
una pizza de pepperoni,
un ladrón,
un toro,
mi examen de lengua aprobado,
una casa del árbol,
mi sudadera perdida del colegio,
1.000.000 de euros,
mi abrigo, mi pelota y todas las demás cosas que pierdo a diario,
pájaros y átomos,
la teoría de la relatividad,
una playa,
un ojo,
una piña,
unas tijeras,
un ovni,
una pelota roja.
Todo esto tenía un fresno en su tronco.

Versos escritos por alumnos de Primero de ESO.
Y es que como destaca, también en Infobae, la educadora Cecilia Rassi, Los niños son ‘oidores poéticos’ desde el principio de su vida. De hecho, señala, su bienvenida al mundo tiene «clave de arrullo». Recordando el momento en que decidió introducir el haiku en una de sus clases, Rassi relata lo que más le sorprendió: «Contrariamente a lo que yo misma esperaba, en casos de estudiantes con una escolaridad muy precaria, la poesía les brindó el espacio más propicio para escribir. Aprendieron a contar sílabas poéticas, y, fundamentalmente, sintieron que era un espacio abordable, posible de trabajo: tres líneas. Tres líneas trabajosas, tres versos».
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En ese sentido, el docente Carlos Battilana subraya la importancia del ritmo: «Creo que los docentes tendrían que enfatizar la noción de ritmo como un elemento significativo del discurso poético», señala. Y no necesariamente ceñirse a la poesía canónica, añade: «Hay manifestaciones poéticas en distintos géneros discursivos que no son, estrictamente, un poema: una prosa, una letra de canción, un párrafo de un texto… Las mezclas y los cruces cuestionan los géneros literarios, pero al mismo tiempo, a partir de esas mezclas, nos permiten pensar en los modos como la cultura ha organizado esas formas a través del tiempo».
La poesía conecta asimismo con el lenguaje y las formas de comunicación ‘online’ actuales. Así lo explica en Infobae la profesora Mónica Jurjevcic, para quien “hay mucha poesía que toma algo de la esencia de Internet. Por ejemplo, lo hipertextual, lo visual, lo multimedial. Hablo de aplicaciones para construir poesía o de otras como las que utilizan los raperos para hacer sus rimas”.
Lo visual, lo táctil, el juego… Todas son fórmulas válidas para presentar la poesía a los alumnos en clase. Los beneficios son incontables: creatividad, agilidad mental, mayor domino del lenguaje, empatía y una visión diversa del mundo, por citar unos pocos.
El secreto es lograr que se acerquen a ella no con reverencia, sino con curiosidad y con ganas de disfrutar. A partir de ahí, estarán enganchados.



